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LA RELIQUIA

LA RELIQUIA
LA CASA FOX, EN PODER DE LA RELIQUIA DESDE EL 191 AL 902 AÑO DEL TEMPLE

“AÑO 191 DEL TEMPLE, (1309), UNOS 40 CABALLEROS TEMPLARIOS PROCEDENTES DE LOS CASTILLOS DE MONZÓN Y CHALAMERA DIRIGIDOS POR SU COMENDADOR FR.++BERENGUER DE BELVIS RESISTEN A DURAS PENAS EN EL CASTILLO DE MONZÓN EL ASEDIO DE LAS TROPAS DE JAIME II DIRIGIDAS POR EL PROCURADOR GENERAL ARTAL DE LUNA. RENDIDO EL CASTILLO, EL COMENDADOR TEMPLARIO HACE ENTREGA DE SU CRUZ PECTORAL AL CONQUISTADOR DE LA FORTALEZA ARTAL DE LUNA, CON LA ÚNICA CONDICIÓN DE QUE NO LA DEJARA CAER EN MALAS MANOS, MANOS SACRÍLEGAS, ES DECIR, EN LAS MANOS DE LA IGLESIA, PARA QUE NO DESAPARECIERA. ARTAL DE LUNA CUMPLE SU PALABRA Y ENTREGA LA CRUZ A LA MADRE DE UN TEMPLARIO, DEFENSOR DEL CASTILLO. LA RELIQUIA LLEGA POR ESTA VÍA A LA TEMPLARIA CASA FOX, QUE LA CUSTODIA HASTA NUESTROS DÍAS. DONDE ESTÉ LA CRUZ ESTÁ LA ORDEN. ASI HA SIDO Y ASI SERÁ, PESE A LOS INTENTOS DE APROPIACIÓN POR PARTE DE ELEMENTOS AJENOS A LA MISMA AUNQUE EN ALGUNOS CASOS VISTIERAN NUESTRO BLANCO MANTO. ROGUEMOS A LA CRUZ PARA QUE CON LOS DELINCUENTES QUE PROTAGONIZARON LOS DESHONROSOS Y DELICTIVOS HECHOS OCURRIDOS EN EL SIGLO XX EN BELVER DE CINCA CON LOS RESTOS DE LOS DEFENSORES DE LOS CASTILLOS DE MONZÓN Y CHALAMERA Y VECINOS TAMBIÉN ALLÍ ABANDONADOS SE HAGA JUSTICIA Y LOS RESTOS DE LOS CABALLEROS TEMPLARIOS Y DE LOS VECINOS PROFANADOS Y EXPOLIADOS JUNTO A ELLOS ABANDONEN EL VERTEDERO Y EL OSARIO PARA QUE, UNA VEZ ENTREGADOS A QUIEN DESDE EL PRIMER MOMENTO DEL EXPOLIO Y LA PROFANACIÓN NO CESA EN ESTA LUCHA DE DAVID CONTRA GOLIATH, RETORNEN DE SU MANO A LA SEPULTURA DIGNA DE LA QUE NO DEBIERON SER PRIVADOS EN DONDE DISPONGA EL HEREDERO DE LA CASA FOX, TEMPLARIO INCANSABLE Y LUCHADOR INAGOTABLE AL QUE TODAS LAS RAMAS DE LA ORDEN Y DEMÁS GENTE DE BIEN DEBIERAMOS AYUDAR EN SU BÚSQUEDA DE JUSTICIA Y REPARACIÓN DE LOS DAÑOS CAUSADOS. ES NUESTRA OBLIGACIÓN."

¿CONTINUAREMOS MIRANDO PARA OTRO LADO MIENTRAS LOS RESTOS DE LOS +HERMANOS SIGUEN EN EL VERTEDERO?

SI QUIERE CONOCER LOS HECHOS, EL LUGAR DONDE SE PROFANARON LAS TUMBAS DE ANTIGUOS CABALLEROS TEMPLARIOS. SABER QUIENES SON LOS PROTAGONISTAS Y CULPABLES DE LA SACRÍLEGA PROFANACIÓN Y POSTERIOR ABANDONO DE LOS RESTOS HUMANOS EN EL VERTEDERO DE BELVER, ENTRE EN EL BLOG DE BELVER DE LOS HORRORES

Burofax enviado por D. Miguel Fox a Fernando Elboj Broto

Burofax enviado por D. Miguel Fox a Fernando Elboj Broto
Belver de los Horrores

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DESDE HOY, 1 DE MARZO DE 2012, EL BLOG DE BELVER DE LOS HORRORES SE UNE AL BLOG DE FRATERTEMPLI, PASANDO A SER PARTE DEL GRUPO FRATERTEMPLI, ORDEN DEL TEMPLE.

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NO DESCANSAREMOS HASTA QUE SE HAYA HECHO JUSTICIA CON "LOS MUERTOS DEL VERTEDERO Y LA CASA FOX"


NNDNNSNTDG

POR SI HAY ALGÚN DESPISTADO.

Para que si alguien, despistado o intencionado, cree o dice que nos ha escrito no siendo verdad, y aunque desde la creación del blog está en la parte inferior del mismo nuestra dirección de correo electrónico, nuestro email es fratertempli@yahoo.es , siendo el máximo responsable de lo que aquí se dice, Fr.+++ Anselmo de Crespi.


SI TARDA UNOS MOMENTOS EN CARGAR LA SIDEBAR, (PARTE DERECHA), LES PEDIMOS DISCULPAS, PERO SERÁN SOLO UNOS BREVES MOMENTOS LO QUE TARDE.


NADA DE LO QUE APARECE EN FRATERTEMPLI ES MENTIRA

JURO QUE TODOS LOS COMUNICADOS QUE APARECEN EN EL BLOG DE FRATERTEMPLI SON CIERTOS, QUE EN ESTE BLOG NADA ES MENTIRA SALVO LAS BROMAS E INOCENTADAS DEL DÍA DE LOS INOCENTES.

TODO AQUEL QUE POR LOS MOTIVOS QUE FUERAN, SOBRE TODO POR INTERESES ECONÓMICOS PERSONALES, DIGA O PUBLIQUE QUE ALGUNO ES MENTIRA, QUE LO DEMUESTRE Y VAYA A LOS TRIBUNALES DE JUSTICIA. MIENTRAS NO HAGAN ESO, EL RESTO DE DESMENTIDOS POR PARTE DE LOS QUE SE ALIMENTAN DE ESTAFAS Y DE SACAR DINERO A COSTA DE LA ORDEN DEL TEMPLE, NOS DAN IGUAL, PUES POR SUS HECHOS LOS CONOCEREIS, Y FRATERTEMPLI NUNCA HA MENTIDO SABIÉNDOLO QUIEN NOS SIGUE, Y ESTAMOS ACOSTUMBRADOS A AMENAZAS DE DENUNCIAS QUE NUNCA LLEGAN POR SER SIEMPRE CIERTO LO QUE PUBLICAMOS.

FTAT, NND. Fr. +++Anselmo de Crespi,

que por cierto, y para algún ignorante, es mi nombre iniciático, no es un alias, ni un nick tras el que esconderme, ni por supuesto mi nombre de pila. Y no soy conde, ni marqués, ni tengo ningún título de esos que como en Illescas, (Toledo), compran algunos y que son más falsos que ellos mismos.

viernes, 15 de enero de 2021

Llega la historia ‘definitiva’ de los templarios


El historiador Dan Jones publica ‘Auge y caída de los guerreros de Dios’


Dan Jones, uno de los principales representantes de la nueva generación de historiadores británicos y autor de obras de éxito, publica Los templarios. Auge y caída de los guerreros de Dios (Ático de los Libros). Un libro que se anuncia como la historia definitiva de la Orden del Temple:un relato épico de guerra, religión, dinero y poder.

Con su elegante prosa, Jones aborda la trepidante historia de la Orden del Temple, entrelazada con las cruzadas en Tierra Santa y en España, y crea un retrato fidedigno y vívido, desde sus combates ataviados con sus icónicas túnicas blancas con una gran cruz roja hasta la creación de la sofisticada red financiera que tejieron en toda Europa, donde gozaron de notables privilegios y del favor de reyes, nobles, papas y emperadores, y su caída en desgracia el famoso viernes 13 de 1312, uno de los momentos más importantes de la historia medieval. El autor bebe de fuentes primarias para ofrecer una narración de ritmo trepidante e intenso, y describe magistralmente las dimensiones geopolíticas, económicas, religiosas y culturales de las gestas que llevaron a cabo estos hombres en nombre de Dios y sus repercusiones en la actualidad.


Esta obra redefine lo que sabemos de la Orden del Temple y muestra, con un estilo potente y narrativo, que los hechos reales que protagonizaron estos guerreros de Dios fueron más extraordinarios todavía que los romances, las medias verdades y las historias de miedo que han circulado de ellos desde su caída. Su maestría al describir los cruentos enfrentamientos y persecuciones de las que los templarios fueron protagonistas, las históricas luchas o los majestuosos escenarios de batalla hacen de este libro una lectura apasionante. Los templarios han aparecido en numerosas obras de ficción, series de televisión y películas, donde se los ha retratado de forma variopinta: como héroes, mártires, matones, explotadores, víctimas, criminales, pervertidos, herejes, alborotadores, guardianes del Santo Grial, protectores del linaje secreto de Cristo y agentes de una conspiración mundial. La súbita disolución de la orden a principios del siglo XIV, que conllevó detenciones en masa, persecuciones, torturas, juicios espectáculo y quemas en la hoguera, constituyó un fin tan violeto y rápido que magnificó la leyenda templaria. Como consecuencia, hoy en día, más de setecientos años después de su desaparición, los templarios aún provocan fascinación.


Dan Jones es un historiador especializado en la Edad Media. Estudió en la Universidad de Cambridge, donde fue discípulo de David Starkey. Jones se ha convertido en uno de los historiadores más popularesdel Reino Unido.


@Diario de León

jueves, 7 de enero de 2021

La cofradía medieval que recoge cadáveres de la pandemia

La Hermandad de la Sangre de Cristo se encarga de recoger cuerpos en Zaragoza desde hace siglos. Con la pandemia tuvieron que ampliar sus servicios y equiparse por su cuenta.


Ignacio Giménez nunca olvidará la primera vez que recogió un cadáver. “La sensación de tocar esos tobillos fríos...”, rememora. Era el de una mujer atropellada, se dedicaba a limpiar casas y volvía de su jornada laboral cuando un coche se la llevó por delante. Giménez realiza esta labor como voluntario junto a otros 46 hermanos. Él es presidente de la Hermandad de la Sangre de Cristo, una cofradía dedicada desde la Edad Media a hacerse cargo de cadáveres y acompañar a las familias en Zaragoza. Ahora son los que reciben la llamada de la policía cuando hay un homicidio, un accidente de tráfico, un suicidio o una persona abandonada. Unos 500 fallecidos al año. En 2020 ampliaron sus servicios a los muertos por covid, porque las funerarias no daban abasto.


“No todo el mundo puede hacer este trabajo, hay un periodo de prueba y si vemos que la persona no está preparada a veces ni le dejamos entrar en la habitación donde está el fallecido”, explica Nacho Navarro, de 33 años, uno de los miembros más jóvenes de la hermandad. “Por ejemplo, cuando te toca ir al escenario de un crimen violento, tienes que tener mucho cuidado de no modificar nada que pueda afectar a la investigación”, indica. Los miembros son admitidos por votación secreta con una especie de canicas blancas y negras. El origen de esta cofradía se remonta a la Edad Media: las primeras referencias aparecen en algunos escritos del siglo XIII. “Está relacionada con la expansión de los franciscanos en la Corona de Aragón. Desde el siglo XVII tienen el privilegio de levantar cadáveres en desamparo. También llevaban la última cena a los ajusticiados y a veces se encargaban de desmembrar el cuerpo y colocar las partes en la zona donde hubiesen cometido el crimen”, apunta José Luis Gómez Urdáñez, catedrático de Historia de la Universidad de La Rioja y autor de un libro sobre esta hermandad.


Eso es el pasado. Lo que les ha tocado vivir en el presente es una pandemia. En marzo se pusieron al servicio de los hospitales para realizar el traslado desde los centros sanitarios al anatómico forense o al cementerio, algo que en general no entra dentro de sus competencias. “En febrero, cuando vimos lo que se avecinaba, empezamos a abastecernos de equipos de protección”, indica Navarro. Adquirieron trajes NBQ (los de más alta protección) y mascarillas integrales con respiradores, que llevan con botas de agua y doble guante. También hicieron un curso con la Guardia Civil para aprender a quitarse el equipamiento sin contagiarse.


Su tarea es encargarse de los cadáveres en cuya recogida interviene el juez por algún motivo. Bien porque están abandonados, porque la causa del deceso no está clara, porque están envueltos en un crimen violento... Pero este año, el operativo que se estableció entre los hospitales, Gobierno autónomo y el Ayuntamiento les involucró en el transporte de cuerpos que normalmente no les corresponden: el de las morgues. Desde que se transfirió la competencia de recogida de cadáveres a los Gobiernos autónomos, la hermandad tiene un convenio con el de Aragón, y además recibe una subvención del Ayuntamiento para el gasto de su furgoneta, desinfección y el sueldo del chófer y el camillero. Además ingresa dinero de donativos. “Este año los gastos se han disparado. Los trajes de protección pasaron de costar de 1,80 a 49 euros”, indica Navarro.


A su minucioso protocolo se añadió este año un nuevo paso: poner una mascarilla al fallecido. “Lo que mata es el desconocimiento y aun así yo sigo yendo con miedo”, reconoce Navarro. Llegaron a transportar 10 cuerpos al día y recuerdan que el Instituto de Anatomía Legal de Aragón tuvo que habilitar una nueva cámara en abril. “Montamos nuestras propias guardias de ocho horas. Los sanitarios nos pusieron de ejemplo el desastre del camping de Biescas, nos dijeron que teníamos que descansar cada día porque si no, es imposible quitártelo de la cabeza”, señala Navarro.


Los cuerpos que recogen relatan la realidad. La de ahora es un virus. “En los ochenta y noventa rara era la semana que no recogías muertos por heroína. En los 2000 hemos visto mucha violencia de género. Con la crisis de 2008 recordamos muchos suicidios. En los últimos años, hemos sido testigos de mucha muerte en soledad. ¿Sabes quién es el primero que se da cuenta de la ausencia? El del bar”, relata Giménez. “Conoces la ciudad a través de la muerte. Puedes entrar en una casa enorme de la mejor calle de Zaragoza, y te encuentras dentro alguien que ha fallecido con síndrome de Diógenes. Te das cuenta de hasta dónde llega el ser humano”, añade Navarro. También han sido testigos de las tragedias de la ciudad, incluidos los atentados de ETA.


Sus muertos son los que ha dejado la historia, desde los carbonizados por la Inquisición, hasta los sentenciados a garrote vil. “La hermandad no dejó de actuar en periodos tan importantes como la Guerra Civil”, apunta el catedrático Gómez Urdáñez, que pasó varios meses buceando entre los documentos centenarios de esta cofradía. Lo hizo sentado al lado de la sala en la que hoy se reúnen. Una estancia adornada con azulejos con calaveras, pinturas barrocas y retratos de los antiguos hermanos mayores. “Levantaban a los cadáveres con un tiro en la cuneta o en la tapia del cementerio y los anotaban con descripciones muy detalladas. Por ejemplo: 22 años, pantalón blanco, en los bolsillos lleva tres pesetas y un paquete de tabaco”.


Tras el primer cadáver al hermano mayor, Ignacio Giménez, le han llegado más de 500 en 30 años de trabajo voluntario. Muchas noches en las que quedaba con sus amigos o con chicas y tenía que abandonar porque le llamaban para recoger un fallecido. “Yo se lo digo a mi mujer: el día que me acostumbre a esto, lo dejaré”.


@El Pais/Patricia Peiró.

martes, 8 de diciembre de 2020

El milagro de Empel. El 8 de diciembre.


 5 diciembre, 2020 por Álvaro González Díaz



“Los españoles. ¡Los españoles!…, esos hombres que quisieron ser demasiado” Nietzsche


“El viento gélido había congelado las aguas del rio Mosa y los flamantes barcos del almirante Holak, uno a uno, habían ido quedándose varados sobre el hielo, inmóviles…. El ambiente que se respiraba era de tensa espera y los centinelas holandeses permanecían ojo avizor vigilando los movimientos del tercio español que tenían, hasta aquella misma mañana, bloqueado y con el agua al cuello en la isla de Bommel….


Los holandeses no esperaban ningún ataque del tercio español, experto en encamisadas terroríficas. No serán capaces –se decían. Por aquella razón uno de los vigías que se encontraba en la cofa del palo mayor de la nave capitana holandesa, golpea el hombro de su compañero, rascándose al tiempo los ojos, incrédulo:


                -mira hacia Empel, Peter… ¿Qué es eso que se nos acerca…?


-¡Ummm…! parece un tercio español avanzando en cuadro, pero, ¡no puede ser!, tenemos a los papistas acogotados… ¡y con este frio…! ¡Bah, es imposible!


-¿Y eso que se oye retumbar?, ¿no son tambores…? (…)”


Manuel de Villegas, alférez abanderado en el Tercio de Bobadilla. Isla de Bommel, Flandes, 1585[1]


Se acerca la señalada fecha de nuestro puente de diciembre, unos lo llamarán el puente de la constitución, 6 de diciembre, y otros el puente de la Inmaculada, 8 de diciembre. Aunque ambas denominaciones para el puente de diciembre sean correctas, vamos a examinar la fecha del 8 de diciembre por ser más antigua y más importante, sin desprecio alguno a la constitución.


Ahora, bien ¿Qué pasó un 8 de diciembre para ser considerada una fecha importante? ¿A qué se debe que el día 8 de diciembre sea el día de la Inmaculada? A partir de aquí se notará en el ambiente un orgullo patrio inigualable, de tal magnitud, que hasta los holandeses querrían haber sido españoles aquel día. El problema que arrastra España es su olvido hacia la historia y su gesta, ambas la mayoría de las veces de la mano, es el Alzheimer que arrastramos con nosotros. Quizá sea complejo motivado por esa Leyenda que todos se creyeron. Sin embargo, es hora de levantar la cabeza, como cualquier otro país, y de reconciliarnos con nuestro pasado. Sin desprecio alguno a la Constitución, el Puente de Diciembre también debe ser recordado por la gesta, a causa de un milagro, de aquel 8 de Diciembre.


Nos trasladamos en la historia unos siglos atrás, concretamente cinco siglos y nos situamos en Holanda, en esa época que forma parte del Imperio Español, en las Provincias Unidas. Y para ser más concretos en el cerro de Empel. Este será nuestro protagonista junto a una virgen que aparecerá después y a un grupo de temerarios españoles. Digo temerarios porque a aquellos pobres hombres solo les faltaba un milagro imposible de ocurrir y allí estaban mirando a la fría y húmeda muerte que lentamente se les acercaba, aquellos hombres que, espada y arcabuz en mano, solo podian rezar y esperar a que llegase el momento para rendir cuentas con el de arriba, mientras se podían llevar consigo a cuantos herejes pudiesen. Y así fue, rezaron y se apareció la virgen. Aquellos hombres que derrochaban valor por doquier en la defensa de la religión católica y la corona de su rey, de su patria, aquellos hombres de aquel 8 de diciembre, aparecieron en la historia, cuando todo estaba perdido, echando nuevamente «un par», envidiados y admirados a la vez.


Vamos a continuar nuestra increíble historia, una de tantas ¿verdad España?


Estamos en Holanda en 1585 y los españoles tienen la misión importante de acabar con el ejército hereje. En plena Guerra de los Ochenta años, el Tercio Viejo de Zamora o Tercio de Bobadilla va a realizar una de las mayores gestas de España, en el mundo, que asombró incluso al mismísimo Dios. En resumen, para que nos situemos, ya que pocos países de la época tuvieron la osadía de querer vender cara su piel como estaba a punto de hacerlo España. 5.000 españoles acorralados, llenos de barro, sudor, sangre e incertidumbre, sin esperanza alguna de ser socorridos, vencen a algo más de 10 navíos holandeses, los cuales queman y destruyen por entero.


8 de diciembre de 1585, Empel (actual Holanda)


El territorio de Flandes era un punto estratégico para el imperio español y suponía una amenaza directa para Francia, Inglaterra y Alemania. Además la guerra de Flandes o Guerra de los 80 Años suponía el juego hegemónico en Europa, y España no iba a dejarse vencer. Las continuas rebeliones de los protestantes holandeses desembocarían en esta guerra que acabará con la Paz de Westfalia en 1648 y con el reconocimiento de la Independencia de Bélgica y Luxemburgo. Mientras tanto, 15 años después de la batalla de Lepanto, en torno a los días 6 y 7 de diciembre de 1585 unos 5.000 españoles combatían en la isla de Bommel, entre los ríos Mosa y Waal, comandados por el maestre de campo Francisco Arias de Bobadilla. Pero esto no es todo. Los españoles se encontraban bloqueados por una flota de unos 10 navíos, mientras resistían la continua artillería de los holandeses. Mientras el cielo se cerraba queriendo tronar como nunca. Mientras crucifijo en mano los nuestros rezaban y se mantenían firmes en aquellas improvisadas trincheras, con el agua al cuello y fieles a su palabra, esperando la llegada de la parca.


Cuando recuperó Amberes, en el verano de 1585, Farnesio se sintió en condiciones de acudir a las «islas de Gelanda y Holanda » cuyas poblaciones católicas oprimidas por los rebeldes protestantes le pedían auxilio. Farnesio mandó a los tercios a la isla de Bommel, situada entre los ríos Mosa y Waal y en respuesta a esta maniobra, el almirante rebelde  Holak situó su flota de 10 navíos entre el dique de Empel y la ciudad de Bolduque – Hertogenboch, bloqueando por completo a los españoles. Ahora el Tercio estaba al alcance de la artillería de la flota enemiga y sería fácil de rendir. Siendo realistas, el Tercio de Bobadilla no aguantaría mucho[2].


Reconociendo su superioridad y con objeto de evitar posibles bajas,  Holak buen conocedor de los españoles, les propuso una rendición honrosa, sin embargo la respuesta española fue contundente: “Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos”.


La altanería de los españoles provocó a  Holak  y decidió el exterminio total de los soldados españoles. Para ello, ordenó  abrir los diques del canal del rio Mosa, que trascurría por encima del nivel del campamento del Tercio, provocando así la inundación de la Isla de Bommel. Los españoles tuvieron el tiempo justo de refugiarse en el cerro de Empel, único lugar que quedó con tierra firme, pues el campamento y los pueblos de alrededor quedaron inundados. Allí fue donde se refugiaron los 5.000 soldados del Tercio  para evitar morir ahogados. Todo ello con un frio casi polar, y mientras pasaba el tiempo más frio hacía, y el montecillo era cada vez más barro en vez de tierra. Una tierra llena de cráteres y trincheras. Una tierra española que no iba a retroceder ni un palmo.


Así las cosas, la flota de Holak comenzó a disparar contra los apiñados españoles. Sacó toda su artillería, arcabuces y mosquetes. La situación era realmente preocupante para los españoles, una situación límite, extrema, angustiosa. Los españoles mojados, sin leña y sin comida seguían resistiendo bravamente. Los soldados españoles estaban en clara inferioridad táctica, sitiados por completo por los holandeses y siendo ya presa fácil del enemigo. Sin embargo, a pesar de no tener escapatoria, decidieron clavarse al suelo y resistir hasta el final. Esta vez, haría falta un milagro de verdad para poder salvar sus vidas. Sin posible escapatoria habían decidido clavarse al suelo hasta el final. Allí, bajo las nubes negras del cielo, entre el fuego enemigo, en aquel bosque de balas, las picas de los nuestros se mantuvieron mas firmes que nunca. Pues si los herejes querían aquel cerro tenían que ir a por el.


El Milagro de Empel.


Un joven soldado estaba excavando una trinchera en el movedizo barro hereje cuando de repente su pala golpeó algo que no era barro. Mientras el soldado rezaba en el agujero que estaba realizando, que posiblemente sería su tumba, rascando para quitar la tierra encontró una tablilla en la que, tras limpiarla y quitarla el barro, estaba representada la virgen María, la Inmaculada Concepción. Si, así fue, la virgen se apareció a los nuestros en aquel barro maloliente y movedizo, en aquel lejano lugar que se había convertido en un infierno[3]. En seguida, el tercio se reunió en torno a la tablilla que aquel soldado encontró y gritando ¡milagro! rezaron. Pero no. Eso no era un milagro, era un regalo, como nos cuenta nuestro protagonista y testigo don Manuel de Villegas. El milagro vendría después. Una virgen que estaba enterrada en aquella zona hereje esperando a que los españoles la encontraran.


Aquella madrugada fría del día 8 de diciembre, tras haber rezado a la virgen en el improvisado altar que le habían hecho con banderas acribilladas y despedazadas, la bandera de la Cruz de Borgoña, y hambrientos, helados, empapados, manchados y temblando, y sin esperanza de nada, los españoles por fin ven la luz. Una tregua. Pues mientras los españoles rezaban, la madrugada se tornó más fría, gélida diríamos, las temperaturas comenzaron a bajar drásticamente hasta el punto de helar. Las aguas del rio Mosa, que antes les hacía prisioneros a los españoles, ahora se helaban, se solidificaban en forma de hielo resistente y grueso. Esto sí que era un milagro. los españoles pasaron de rezar y esperar su ultimo momento a sonreír levemente, cuales picaros planeando su travesura, mientras se frotaban las manos ante lo que veían. Esperando una orden que cumplirían sin rechistar.


Solo entonces, aquel tempo lento de una marcha fúnebre se iba transformando en allegro. Las pulsaciones ante tal escena, digna de ver, se iban intensificando hasta rozar la taquicardia o el infarto. Unos no daban crédito desde sus barcos y otros dejaban poco a poco unas trincheras improvisadas por las necesidades para salir y abrirse camino. El majestuoso tempo se tornaba en adagio ante la marcha de los españoles.


Los barcos holandeses quedaron atrapados en el hielo, inmóviles por completo. Ahora era la hora de los españoles, una hora que no dejarían escapar. Por supuesto. Los navíos herejes ahora estaban varados a merced del hielo y sobre todo de los españoles. El tercio, formando en cuadro, se lanza sin contemplaciones hacia los barcos flamencos. ¡Donde las dan…!


Así relata nuevamente Manuel de Villegas: “Junto al aspa de borgoña y junto a las picas y los arcabuces, junto a las espadas, venía con nosotros la tablilla de Nuestra Señora, y lo hará para siempre ya[4]”.


Los holandeses que se creían que aquella situación bien podría ser un sueño, no lo era. Sin parar de rascarse los ojos ven por el horizonte venir a los hambrientos y helados españoles, oyen retumbar los tambores, cada vez más cerca. Eso sí que ponía los pelos de punta. Pero sobre todo oían cada vez más fuerte a 5.000 voces gritar: ¡SANTIAGOOOOO!, y otras 5.000 replicar: ¡CIERRAAAA!


Lo que pasó después ya lo sabéis y sino lo habréis adivinado. Los españoles, comandados por el capitán Cristóbal Lechuga, destruyeron todos los navíos, la mayoría de las bajas fueron holandesas pues los españoles apenas sufrieron bajas. En esta situación, Holak salió corriendo maldiciendo a Dios y a los españoles.


Los tercios combatieron con extrema contundencia animados por la sed de venganza por el asedio de los holandeses. Los rebeldes caían ante las armas españolas sin posibilidades de reaccionar. Los infantes españoles  tomaron prisioneros y capturaron y quemaron todos los  barcos de la flota enemiga[5].


Durante el 9 de diciembre el Tercio cargó con rabia contra el fuerte holandés situado a la orilla del río Mosa. La posición defensiva fue tomada por los españoles y los holandeses huyeron en desbandada aterrorizados por la furia de los arcabuceros y piqueros españoles. La  victoria española fue tal que el almirante Holak llegó a decir: “Tal parece que Dios es español al obrar tan grande milagro”. Cinco mil españoles que eran a la vez cinco mil infantes, y cinco mil caballos ligeros y cinco mil gastadores y cinco mil diablos[6]«. Tras ello, la Inmaculada acompañará hasta nuestros días como patrona a nuestro ejército español[7].


Empel pone de manifiesto una de tantas y tantas gestas que, escondidas en el cajón de sastre, se olvidan. El puente de la Constitución Española, día 6 de diciembre, es el puente de la Inmaculada, el día 8 de diciembre, el día de lo imposible, de la heroicidad española. Nuestra historia esta llena de hazañas, de victorias y derrotas, como la de cualquier otro país, y debemos evitar que se pierdan en el horizonte de la mentira y la ignorancia.


Fue un soldado del Tercio; cuando era


oficio de españoles ver la muerte


como un servicio más de honra y suerte


amiga del más bravo y compañera.


 Cavaba para tumba la trinchera


más que para salvarse. Tierra inerte


echa para descanso del más fuerte.


Siempre juntas la muerte y la bandera.


 Encontró el cuadro; lo sacó del suelo.


 Se arrodillaron todos bajo el Cielo


 de la noche de Holanda oscura y fría.


Y a los pies de la madre Inmaculada


Se heló la mar, triunfó otra vez la espada


Y se salvó la fiel infantería[8].


[1] Testigo presencial de “el Milagro de Empel”, recogido en VILLEGAS GONZALEZ, A., Hierro y Plomo, cuentos de los Tercios Viejos, glyphos, Valladolid, 2014, pp. 87-92


[2]http://www.grandesbatallas.es/batalla%20de%20empel.html


[3] ROJO PINILLA, JESUS A., Cuando Éramos Invencibles, el gran capitán, Madrid, 2015, pp. 67-69


[4] VILLEGAS GONZALEZ, A., OP. CIT.


[5] ROJO PINILLA, JESUS A., OP. CIT.


[6]http://www.grandesbatallas.es/batalla%20de%20empel.html


[7] MARTINEZ LAINEZ, F., Pisando fuerte, los tercios de España y el camino español, edaf, Madrid, 2012, pp. 181-186


[8] Poema de Luis López de Anglada, en MARTINEZ LAINEZ, F., OP. CIT., pp. 163-180


«Todas las picas suman, únete al cuadro»

@http://31enerotercios.com/2020/12/05/el-milagro-de-empel-el-8-de-diciembre/

martes, 17 de noviembre de 2020

Papa promete limpiar la Iglesia de abusos sexuales tras reporte de McCarrick

 

Un revelador informe publicado esta semana por el Vaticano sobre las investigaciones en el caso de abusos sexuales del excardenal de Washington, DC, Theodore McCarrick, ha generado dudas e interrogantes sobre el manejo y encubrimientos de la iglesia Católica en este tipo de situaciones.


Al parecer, según el reporte, los funcionarios de la iglesia, así como los mismos antecesores del papa Francisco, como el papa Benedicto y hasta san Juan Pablo II sabían de las acusaciones contra McCarrick por abusos sexuales de niños y adultos y no hicieron nada.


Tras la publicación del informe, el papa Francisco prometió que trabajaría para “desarraigar este mal” a pesar que también se le menciona en el reporte por haber seguido con el rumbo que marcaron sus antecesores sobre el caso McCarrick.


“El papa Francisco solo tenía informes de denuncias y rumores relativos a conducta inmoral con adultos que ocurrió antes del nombramiento de McCarrick a Washington”, dice el resumen del informe. Al creer que las denuncias habían sido revisadas y rechazadas por el papa Juan Pablo II y consciente de que McCarrick estuvo activo durante el pontificado de Benedicto XVI, el papa Francisco no consideró necesario modificar el enfoque que se había adoptado”.


La suerte de McCarrick cambió cuando un exmonaguillo en 2017 lo acusó de haberlo manoseado cuando era adolescente durante los preparativos de las misas de Navidad de 1971 y 1972 en Nueva York. Esta fue la primera acusación fundada contra McCarrick en la que estaba implicado un menor y dio lugar al juicio canónico que lo despojó del estado sacerdotal.


“Ayer se publicó el informe sobre el doloroso caso del excardenal Theodore McCarrick”, dijo Francisco en su audiencia semanal del miércoles desde el Vaticano.


“Renuevo mi cercanía a las víctimas de todo abuso y el compromiso de la Iglesia de desarraigar este mal”, dijo el papa.


El informe de más de 400 páginas tardó dos años en compilarse. El Vaticano lo publicó el martes.


El reporte planteó interrogantes incómodas sobre Juan Pablo y su secretario de confianza, el cardenal Stanislaw Dziwisz, quien ha sido objeto de un mayor escrutinio y críticas en su natal Polonia por acusaciones sobre que encubrió otros casos de abuso sexual por parte de clérigos.


Tan sólo esta semana, el director de la conferencia de obispos de Polonia, el arzobispo Stanislaw Gadecki, dijo que esperaba que “una comisión apropiada de la Santa Sede clarificara todas las dudas” sobre el historial de Dziwisz, escrutinio que el propio Dziwisz dijo que acogía.


En sus comentarios realizados el miércoles, Francisco elogió a Juan Pablo, amado en su natal Polonia y por muchos católicos en todo el mundo, pero que ha sido criticado por no haber tomado acciones contra los sacerdotes pederastas. El papa recordó que Polonia celebraba el miércoles su día de la independencia y citó a Juan Pablo al decirle a los jóvenes lo que significa ser verdaderamente libre.


“Aunque damos las gracias al Señor por el regalo de la libertad nacional y personal, nos viene a la mente lo que San Juan Pablo II enseñó a los jóvenes”, dijo, citando al pontífice polaco cuando explicó que ser libre significa ser “un hombre con la conciencia limpia, ser responsable, ser un hombre ‘para los demás’”.


 @Magaly Marchena/Washington Hispanic

Piden suprimir culto a Juan Pablo II por las víctimas de sacerdotes pederastas

 


Los hallazgos detallan décadas de ofuscación burocrática y falta de responsabilidad por parte de una serie de importantes prelados y amenazaban con manchar las túnicas blancas de tres papas


De acuerdo con The NY Times, la investigación, encargada por el Papa Francisco, que canonizó a Juan Pablo en 2014, reveló cómo Juan Pablo II eligió no creer en las acusaciones de abuso sexual de larga data contra el ex preladoTheodore E. McCarrick, incluida la pedofilia, lo que le permitió ascender en la jerarquía.


Los hallazgos detallan décadas de ofuscación burocrática y falta de responsabilidad por parte de una serie de importantes prelados y amenazaban con manchar las túnicas blancas de tres papas. Pero sobre todo, dicen los críticos, proporciona una prueba contundente de que la iglesia se movió con una velocidad imprudente para canonizar a Juan Pabloy ahora está atrapada en sus propios escombros.


Una reversión de la canonización, que los historiadores luchan por recordar que alguna vez sucedió, es inverosímil. Algunos historiadores dicen que es más probable que el informe McCarrick frene un proceso que el propio Juan Pablo II aceleró. Pero el informe puede complicar las posibilidades de canonización de otros en la cima de la jerarquía de la iglesia durante finales del siglo XX y principios del siglo XXI, cuando el flagelo del abuso sexual explotó en la iglesia.


El informe del Vaticano muestra que el Papa Benedicto XVI le dijo a McCarrick que mantuviera un perfil bajo cuando surgieron más acusaciones de abuso en 2005. El Papa Francisco, a pesar de escuchar los rumores del abuso de sus principales lugartenientes, confiaba en que sus predecesores habían investigado adecuadamente el caso y lo dejó solo, encontró el informe.


Añaden muchos expertos de la iglesia consideran que esas nuevas reglas son correcciones a los abusos y la ignorancia casi deliberada de los líderes de la iglesia que ocurrieron bajo Juan Pablo II.


Los defensores de Juan Pablo II dicen que el informe solo demostró que McCarrick engañó al Papa, como lo hizo con muchos otros durante su medio siglo de ascenso a los rangos más altos de la Iglesia Católica, y que no tiene nada que ver con la heroica virtud cristiana que hizo él un santo.


Ha habido un sacerdote satánico , prostitutas , ladrones y mucho más en el camino hacia la redención y la santidad. En 1969, el Papa Pablo VI eliminó a 93 santos del calendario litúrgico universal de la iglesia, pero sobre todo porque podrían no haber existido, como San Cristóbal, que cargaba sobre sus hombros a un infante que a cada paso se hacía más pesado con el peso del mundo. , pero se considera más una leyenda que un hombre. Otros fueron considerados demasiado envueltos por siglos para decirlo con certeza.


Pero se sabe mucho sobre Juan Pablo II, y algunos críticos sostienen que es motivo suficiente para no celebrarlo.


Citando la "calamitosa e insensible toma de decisiones" de Juan Pablo, que dijo que pone en riesgo a los niños de todo el mundo, un editorial del viernes en el National Catholic Reporter instó a los obispos estadounidenses a reunirse la semana próxima para su conferencia anual a "discutir la solicitud de que el Vaticano suprima formalmente Culto a Juan Pablo ”, o dejar de celebrarlo. "Las víctimas de abuso no merecen menos”.


Esa es una tremenda ironía para un Papa que convirtió a la iglesia en una eficiente fábrica de canonización . Juan Pablo derribó los criterios para la beatificación de dos milagros a uno, e hizo lo mismo para la canonización. En 1983, redujo el tiempo necesario entre la muerte de una persona y el inicio de su proceso de canonización a cinco años de 50.


Produjo más de 480 santos y puso lo suficiente en la tubería para que Benedicto XVI pudiera canonizar decenas más. El Papa Francisco ha seguido su ejemplo, pero ha optado por canonizar a personas más cercanas a su visión más pastoral y menos doctrinaria de la Iglesia, como el Papa Pablo VI y el arzobispo salvadoreño mártir Oscar Romero.


Para proteger a Juan Pablo II, que en realidad estaba en el poder en el momento de los ascensos de McCarrick, el arzobispo Viganò argumentó que el enfermo pontífice estaba demasiado enfermo de Parkinson en 2000 como para rendir cuentas.


Pero la investigación del Vaticano, que el arzobispo Viganò dijo que no lo entrevistó, dice que Juan Pablo II estaba en su sano juicio cuando tomó personalmente la decisión de rechazar las acusaciones y nombrar a McCarrick


La defensa más frecuente de Juan Pablo II, expresada también en el informe, es que su experiencia frente al comunismo en Polonia lo llevó a creer que las acusaciones falsas contra sacerdotes y obispos eran un arma política contra la fe.


Pero los informes dan un vistazo poco común a otros factores menos nobles que llevaron al Papa a creerle a McCarrick, a saber, que el Vaticano operaba como una red de viejos donde los obispos siempre obtenían el beneficio de la duda.


Juan Pablo II conoció a McCarrick por primera vez en 1976. McCarrick, dice el informe, "estaba en un viaje de pesca en las Bahamas con adolescentes de algunas de las familias católicas" cuando un telegrama le dijo que regresara de inmediato para ayudar a traducir para Pope. Juan Pablo II, entonces conocido como Karol Jozef Wojtyla , una estrella en ascenso en la iglesia. McCarrick bromeó diciendo que el cardenal Wojtyła había arruinado sus vacaciones y entablaron una amistad.


Un cuarto de siglo después, McCarrick instó a John Paul en una carta a no creer las acusaciones en su contra.


El Papa Juan Pablo II se "convenció de la verdad" de la negación de McCarrick, señala el informe, y agregó que Stanislaw Dziwisz, ahora cardenal, recordó que el Papa Juan Pablo II también creía que sería "útil nominar a McCarrick a Washington porque tiene un buena relación con la Casa Blanca “.


Esos eventos, así como otros en el informe, han llevado a algunos historiadores a sugerir que la iglesia redirija sus energías de canonización lejos de la cima de la jerarquía.


@VANGUARDIA MX

El Santo Cristo de Fisterra en la peregrinación jacobea

 


Reza la canción popular que en cada Semana Santa se oye como una letanía desde que se instituyó la romería del Santo Cristo de Finisterre, que surgió al margen de la peregrinación al Fin del Camino como nueva atracción con esta venerada y misteriosa imagen capaz de competir con el propio Santiago. 


Pero existe otro Santo Cristo de similar factura y coincidente leyenda que se adora en la catedral de Burgos. Esta talla, según la tradición, fue encontrada en una caja que flotaba en el mar, en el año 1308. Un piadoso mercader la adquirió para entregarla a unos frailes agustinos que había en la ciudad castellana. De autor anónimo del siglo XIV, el crucificado es de madera recubierta con piel de búfalo o carnero y va clavado a una cruz arbórea de madera. La cabeza lleva la barba y el cabello de pelo natural que parecen nacidos en la misma figura. Y está tapado el paño de pureza por faldellineslargos de distintos colores y diseños.


He resaltado estos puntos en común, aunque de la imagen de Fisterra sorprende por el gran conocimiento del escultor sobre el comportamiento de la sangre en el cuerpo humano. Representa a la perfección cómo escurre por la piel, además de que debía tener buenos estudios o asesores de anatomía, pues las heridas se muestran con magulladuras, marcas de necrosis y un indicio de excoriaciones abdominales. 


A primera vista la concordancia con la figura del cuerpo yermo impreso en el Santo Sudario de Turín acongoja y maravilla. La Sábana Santa  estuvo en posesión del emperador de Constantinopla, Balduino II, hasta 1247 y en ese año se cree fue vendido a la Orden del Temple. Se pierde su pista hasta que reaparece en 1346 en manos del conde Geoffrey de Charney, sobrino del comendador templario de Normandía que murió en la hoguera junto al Gran Maestre Jacques de Molay. 


Por lo que no hay que descartar a los Caballeros como responsables de la llegada del Santo Cristo a Fisterra, vinculados a la familia Mariño (véase mi artículo “Recuento de las Casas Nobles de Fisterra VI: los Mariño”.


Al mismo tiempo su relación con la ruta jacobea es destacada en obras como “Descripción del Reino de Galicia” (s. XVI) del Licenciado Bartolomé Sagrario de Molina, que le dedica una glosa al Cristo al que acuden los más romeros que vienen al Apóstol:


“Aquí está la imagen de gran devoción/ Por cuyos milagros ansi verdaderos/ Es visitada de cuantos romeros/ Visitan la casa de nuestro Patrón.”Añadiendo en la glosa: “En esta villa está vn Crucifixo tan maravilloso, y de tan gran deuocion, que se dice no hazerle ventaja el que arriba diximos de Orense, al qual acuden los mas romeros que vienen al Apóstol”.


El licenciado Molina observa las prácticas de los peregrinos y recaba numerosas leyendas en Padrón, Finisterre y Santiago (ninguna de la Virxe da barca), sin detenerse a valorar su mayor o menor veracidad, lo que refuerza el valor documental de sus aportaciones. En Fisterra confirma la frecuente presencia de peregrinos que antes ya habían pasado por la Catedral atraídos por el hecho de poder postrarse ante el Hijo de Dios, tras su estancia en Santiago. Destaca la relevancia que mantiene la peregrinación, “mayormente en año de jubileo”.


Se cree que Molina pudo ser de origen malagueño y fallecer en Mondoñedo (Lugo) hacia 1575, de cuya catedral llegó a ser canónigo. Junto con el cordobés Ambrosio de Morales, que llegaría a las tierras gallegas unos veinte años después, es el autor que más información directa ofrece sobre el estado de la cuestión jacobea en Galicia en el siglo XVI.


Su famosa obra es el fruto de sus viajes y recopilación de datos realizada in situ. Está dividida en cinco partes: De los cuerpos santos, De las cosas notables que hay en este Reyno, De los puertos de mar y rías del Reyno, De los ríos y pueblos y De los linajes y solares. Es en los primeros apartados donde da noticias de reliquias, procedencia de los peregrinos, el Hospital Real de Santiago, la heráldica santiaguista, etc.


También el soldado peregrino polaco Ehrich Lassota de Steblovo, en su Diario redactado hacia 1584, relaciona el Cristo de Finisterre con los de Ourense y Burgos, al tiempo que transmite la leyenda popular que sostiene que suda y le crecen el pelo y las uñas:


"En una capilla de esta iglesia, y a la izquierda, se encuentra un crucifijo de escultura, que no llega a la altura de un hombre, en un altar colocado, y que pasa por muy milagroso. Cuando un sacerdote le descubre, se pone primeramente de rodillas, empieza a rezar el 'Te Deum laudamus', y con una larga caña quita las cortinas que le cubren; quienquiera que sea, si desea verle, tiene que arrodillarse. Se pretende que le crece el pelo y las uñas y que suda algunas veces. De esta especie hay dos crucifijos más: uno en Orense, también Galicia, y otro en Burgos".


En 2008 fue sometido a una amplia restauración que modificó parte de su expresividad aduciéndose que la original es la que se recuperó luego de retirar capas de pintura posteriores.


Las radiografías mostraron que en origen el Santo Cristo se articulaba igual que el de Burgos: cuello, hombros, codos, rodillas, los tobillos, caderas y muñecas.


“A la tradicional badana cubriendo las uniones, aparecen diversas telas cubriendo amplias zonas de la superficie. Dicha tela una vez estucada y policromada confiere a la obra gran naturalidad. La solución de revestir con tejido amplias zonas humanizó “la piel” de la imagen que cede ligeramente al tacto, simulando la morbidez de un cuerpo real. Dicha tela una vez estucada y policromada confiere a la obra una gran naturalidad. El efecto es todavía hoy sobrecogedor, debiendo conmover al fiel presenciar el descendimiento de la imagen que, al ser desenclavada, bajaba los brazos, doblando los codos y las muñecas, flexionaba las rodillas y plegaba ligeramente el torso sobre las piernas al ceder la unión de las caderas, mientras la cabeza se movía levemente. El lienzo que recubría la unión entre la cabeza y el tronco, unidos por una “ese metálica”, se hallaba roto y deshilachado. Por ello, en una reparación posterior, la zona había sigo cubierta por una tira de tela que encontramos, también rota y desencolada en los bordes. Como remedio, en fecha imprecisa, se sujetó la cabeza a la cruz con un alambre alrededor del cuello, provocando mayores daños” (“Intervención de conservación y restauración”, Ángeles Fernández Santiago - Revista peregrina de Arte, nº13, 2010).


La talla presenta a día de hoy sus articulaciones fijas y está sujeto a la cruz mediante dos pernos metálicos situados en la espalda.


En 2017 el acondicionamiento del retablo del Santo Cristo de Fisterra saca a la luz una leyenda que reza: “Se pintó y doró este retablo siendo rector Don Joseph Zernades y siendo mayordomo Joseph Manso. Año 1727”.


El retablo data de 1721 y es obra documentada de Miguel de Romay, que según estudios del profesor Otero Túñez, cierra la etapa de madurez de dicho artista. Fue posiblemente encargado a instancias del arzobispo Luis de Salcedo y Azcona (Valladolid, 1667-Sevilla, 1741), que visitó la capilla fisterrana un año antes de la elaboración de la obra.


En 1722 entró de párroco el mencionado don José Antonio Cernadas, que murió en 1737. Y se contratara el pintado a finales de 1724 por 2.300 reales.


La escena del Gólgota pintada en la tablas que dan fondo a la escultura, semeja el clasicismo del “Paisaje con los funerales de Foción” (1648-Liverpool, Walker Art Gallery) de Nicolas Poussin.


En el cielo de esta Jerusalem destacan las imágenes del Sol y la Luna que acompañan las representaciones de la crucifixión desde el siglo VI. Siendo en Siria donde aparece por vez primera y llegando a ser más frecuente a partir del siglo IX. 


Normalmente el Sol se sitúa a la derecha de Cristo y la Luna a la izquierda, pues  los artistas seguían la tradición de las antiguas estelas de Saturno y los monumentos mitraicos, con la creencia astrológica de que la Luna rige el lado izquierdo del cuerpo y el Sol el derecho. 


Pero a partir del siglo XII la posición de los astros aparecen invertidos con “la intención de expresar así las dos naturalezas de Jesucristo: la divinidad, por el sol que brilla con su propia luz; y la humanidad por la luna, cuerpo opaco que no brillando sino con luz refleja” (“Diccionario de antigüedades cristianas, comprende desde los principios del cristianismo hasta la Edad Media”, del abate Martigny – 1865/ tr. Madrid, 1894).


Las nubes son una clara alusión a las tinieblas evangélicas que eclipsaron el Sol en el momento de la muerte de Cristo, y se muestran aquí cubriendo parcialmente la Luna. Esta iconografía es una prueba evidente de cómo el verdadero origen de las representaciones de ambos astros fue mutando a través de las religiones. De reflejo simbólico de la presencia de otras deidades paganas, se pasa a la ocultación en las tinieblas cristianas; rindiéndose así al Salvador los que en principio eran signos de poder y majestad divina.


El Santo Cristo jugó un papel central y esencial en la tradición dramática de la Europa medieval como parte de la liturgia de Semana Santa, que “no sólo funcionaba como un espectáculo audiovisual para entretener al público sino que también servía para transmitir el dogma de la Resurrección a una audiencia básicamente iletrada” (“El Auto de Resurrección de Fisterra: análisis de una tradición dramática medieval”, Cristina Mourón Figueroa 2009).


@Adiante Galiza

jueves, 12 de noviembre de 2020

La misteriosa muerte repentina del papa Juan Pablo I despierta nuevas teorías

 


El libro 'Juan Pablo, ¿estás muerto?', de Luis Bravo, ahonda en la necesidad de investigar su muerte 48 años después

El Vaticano dijo en su momento que no se le realizó autopsia, pero trascendió que tomó medicamentos vasodilatadores la noche de su muerte

El papado de Albino Luciani duró tan sólo 33 días, y murió en su cama tras un infarto a los 65 años


La muerte del papa Juan Pablo I a los 33 días de ser pontificado ha estado siempre rodeada de polémica y muchas son las teorías que sugieren que su fallecimiento no se debió a causas naturales. Ahora, el pianista y escritor Luis Bravo confronta en una obra las tesis sobre este acontecimiento histórico y reclama una investigación.


La mañana del 29 de septiembre de 1978 el mundo entero se despertó con la inesperada noticia de la muerte de Juan Pablo I. A los 65 años moría de manera repentina Albino Luciani tras protagonizar uno de los papados más breves de la historia (tan sólo 33 días) y con su muerte nacían también múltiples teorías que contradecían la versión oficial.


Un infarto fue la causa de su muerte, según informó entonces el Vaticano que, como es habitual tras la muerte de un papa, rechazó la posibilidad de realizar una autopsia a pesar de que Luciani murió de madrugada, en su cama, y sin testigos.


Luis Bravo Flores señala sin embargo que esa autopsia sí que se realizó y que gracias a ella se supo que el papa había ingerido altas dosis de un medicamento vasodilatador, a pesar de que era hipotenso y de que su médico asegurara que la noche anterior a su muerte había hablado con él y le había encontrado bien.


Más de 20 años lleva Bravo investigando un caso que desde niño le provocaba fascinación y con el que se encontró en sus múltiples viajes como concertista. "Hubo una época en la que por mis viajes coincidí con personas que estaban vinculadas al Vaticano, hablábamos del tema y empezaron a aportarme información comprometida".


A partir de entonces se puso a investigar, contactó con algunos testigos de la época y leyó todo lo escrito sobre el tema para poder contrastar la información que le llegaba. "No sabemos lo que pasó, pero algo pasó", asegura Bravo, que cree que las dudas sólo se despejarán si en el Vaticano aceptan realizar la autopsia.


En su libro Juan Pablo, ¿estás muerto?, de Ediciones Ruser, Bravo recoge las distintas hipótesis que han surgido tras este hecho, también la oficial, aunque desde su punto de vista ésta presenta importantes contradicciones y numerosos testimonios la desmontan.


Entre ellos, el escritor cita a los hermanos que embalsamaron el cuerpo del papa, a su médico personal y a la propia familia de Luciani que, asegura, todavía dicen no estar convencidos de lo que pasó aquella madrugada.


También ha buceado en el registro de la farmacia del Vaticano, que ese día no dispensó ningún fármaco para el pontífice y otros documentos que relatan que aquel día "pasaron cosas muy raras", como la entrada de operarios para instalar unos timbres en las dependencias del papa.


Sin ánimo de "dar carnaza", tal y como señala, pero sí de aportar datos que contradicen una de las últimas investigaciones publicadas hasta la fecha, como la de la vaticanista Stefania Falasca, que en su libro, "Papa Luciani. Crónica de una muerte", desmiente la tesis sobre una posible conspiración y justifica que falleció por causas naturales.


"Me causa duda que aparezcan unos documentos 40 años después y que no hayan aparecido antes o que la publicación esté avalada por el Vaticano, que el prólogo esté firmado por el secretario de Estado... No me parece objetivo", explica.


No obstante, asegura que él no defiende que no haya sido una muerte natural, pero sí que pide que se haga una investigación profunda.


Todo esto, sin olvidar el reconocimiento a la figura de este papa que quiso cambiar las estructuras morales, políticas y económicas de la Iglesia y que no pudo hacerlo por su prematura muerte, en una obra prologada por el sacerdote Jesús López Sáez, uno de los principales autores que ha investigado la figura de Juan Pablo I, y con un amplio archivo fotográfico.


@NIUS

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Hielo en el pene, exorcismo y miedo: los curas homosexuales "silenciados" por la Iglesia en Brasil

 A media noche, en un seminario católico en Sao Paulo, un aspirante al sacerdocio se martirizaba: "¡En nombre de Jesús, demonio de la homosexualidad, sal de mí!".



Acostado en su cama en la habitación que compartía con dos religiosos, Rafael*, quien tenía entonces 20 años, enterró las uñas en las palmas de sus manos hasta sentir dolor y rezó una y otra vez.


Insomne, caminó hacia el baño y, furioso y llorando, agredió su órgano sexual y lo envolvió en cubitos de hielo.


En otras ocasiones se había acostado en el suelo frío o quedado bajo una ducha fría hasta el amanecer, rezando y suplicando. "Espíritu enemigo, manifestación del mal. ¡Sal de mí!"


Esas oraciones y los tormentos eran parte de un ritual nocturno que el seminarista llamó "exorcismo de la homosexualidad".


En esas noches, Rafael rogaba dejar de ser una persona "desordenada", como en los documentos de la Iglesia católica definen a los hombres y mujeres homosexuales.


"Señor, cúrame de todas las tendencias homosexuales", suplicaba el estudiante, que había llegado a la capital del estado de Sao Paulo dos años antes.


Desde las primeras lecciones que recibió cuando ingresó en un seminario diocesano en 1994, Rafael sintió el peso de una contradicción insuperable en las reglas de la Iglesia: durante años, sus líderes habían dicho que la homosexualidad es "contraria a la ley natural" y que los hombres con "tendencias homosexuales fuertemente arraigadas" no pueden ser sacerdotes.


Para Rafael, el tormento aumentó después de los retiros anuales de su seminario, en el interior de Sao Paulo.


Frente su audiencia de seminaristas, los sacerdotes reforzaron la idea de que la homosexualidad era una "enfermedad", un"fruto de la acción del mal".


La idea de tener que "curarse" persiguió a Rafael durante mucho tiempo.


Nueve años después de las noches de exorcismo en el seminario, ya ordenado sacerdote, escribió en una especie de carta dirigida a Dios.


"Estoy cansado de pretender ser quien no soy. Quiero descansar", recuerda Rafael, hoy sacerdote en las afueras de Sao Paulo.


"Por favor, Dios, llévame. Prefiero la muerte".


Soledad


Las historias de los sacerdotes homosexuales se viven en secreto, se discuten solo entre ellos, se tratan en guetos dentro de las congregaciones, bajo el temor de la persecución y la caza de brujas.


O, simplemente, en soledad.


No hay estadísticas oficiales sobre el número de sacerdotes católicos homosexuales en Brasil.


De los 27.000 sacerdotes en el país, no hay uno solo que actualmente ejerza el sacerdocio y haya revelado públicamente su homosexualidad. En Estados Unidos, poco más de 10 han hablado públicamente sobre su orientación sexual.


Sin embargo, docenas de sacerdotes e investigadores brasileños sobre el tema estiman que el número de homosexuales entre los religiosos del país es significativo.


Curas, educadores del sacerdocio y académicos que hicieron comentarios para este reportaje estiman que, de los hombres en el clero, al menos un 30% son homosexuales.


Un sacerdote gay del estado de Ceará le dijo a BBC News Brasil que, en su orden religiosa del noreste del país, "al menos un 80%" de sus colegas tienen esa orientación.


Un seminarista dijo al informe que, en su clase de 40 estudiantes en el interior de Sao Paulo, 30 eran homosexuales.


Y un investigador que estudia en un monasterio católico en el noreste del país dice que el "90% del clero es gay".


Seis sacerdotes y seminaristas homosexuales de cinco estados brasileños acordaron compartir sus historias, a lo largo de un mes, para este reportaje de BBC News Brasil.


Todos pidieron mantener el anonimato, por temor a las represalias.


Aun si practican el celibato, según lo dictaminado por la doctrina católica, si sus superiores consideran que tienen una orientación sexual inadecuada, pueden ser expulsados ​​de la Iglesia.


Un sacerdote de Bahía dijo, antes de aceptar a conceder la entrevista: "Mi vida depende de este anonimato".


Y es que, podría perder no solo su trabajo, sino también su hogar, el seguro de salud, la jubilación y a los amigos.


Tendría que abandonar la parroquia que dirige hoy, en el interior de Bahía, con "una bolsa de ropa vieja", unos pocos cientos de reales en su cuenta bancaria y sin tener idea de qué hacer después.


En los últimos años, el debate sobre cómo debería lidiar la Iglesia con la homosexualidad entre sus filas ha aumentado.


En 2013, al responder una pregunta sobre la influencia de los sacerdotes gay en el Vaticano, el papa Francisco dijo su famosa frase, "¿Quién soy yo para juzgar?", algo que llenó de esperanza a los católicos LGBT.


Al año siguiente, en el Sínodo sobre la Familia, el Papa hizo una referencia directa a los "dones y cualidades" de los homosexuales y preguntó si la Iglesia los "podría acoger".


El aparte no logró el número necesario de votos de los obispos para aparecer en el documento final de la reunión, pero fue recibido como una nueva forma de abordar el tema.


La reacción en los sectores católicos tradicionales fue fuerte.


Hay quien señala que el intento de una mayor apertura habría influido en una campaña contra el Papa que se vio agravada por la acusación de que Francisco encubrió o toleró el abuso sexual de menores por el excardenal estadounidense Theodore E. McCarrick (luego expulsado de la Iglesia por el Papa).


En una carta abierta, un exembajador del Vaticano en Washington, Carlo Maria Viganò, incluso solicitó la renuncia del sumo pontífice y denunció la presencia de una "mafia rosa" en la Santa Sede.


Según Viganò, este grupo abogaría por dar más poder al clero homosexual y encubriría casos de pedofilia.


Las docenas de estudios llevados a cabo en varios países nunca han encontrado una relación entre ser gay y abusar sexualmente de niños.


Aún así, los obispos y los cardenales de esos mismos sectores tradicionalistas insisten en señalar a los sacerdotes homosexuales como la causa del problema dentro de la Iglesia.


En manifestaciones posteriores sobre el clero gay, el propio Papa pareció volverse más crítico.


Dijo, en mayo de 2018, que la homosexualidad está "de moda" y que "es mejor que abandonen el sacerdocio que continuar viviendo una doble vida".


Finalmente, en una nueva apertura, en septiembre, Francisco recibió al sacerdote jesuita James Martin, un defensor de la causa gay entre los sacerdotes.


La reunión fue vista como una nueva señal de apoyo del pontífice para dar la bienvenida a los homosexuales.


Brasil


En Brasil, la posición de la Iglesia católica es idéntica a la tradición del Vaticano.


En respuesta a las preguntas de BBC News Brasil sobre quién puede convertirse en sacerdote, el arzobispo primado de Brasil, Dom Murilo Krieger, citó la última instrucción publicada por la iglesia en 2005, la que dice que uno no puede "admitir en seminarios y órdenes sagradas a los que practican la homosexualidad ", presentan "tendencias homosexuales profundamente arraigadas" o "apoyan la llamada 'cultura gay'".


El texto que cita el primado de la Arquidiócesis de Brasil se hizo válido en los primeros meses del papado de Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, y es el más restrictivo en relación a los homosexuales.


La instrucción repite las normas que ya aparecieron en el Catecismo de la Iglesia (conjunto de reglas de la doctrina católica para todos los países), escrito por el propio Ratzinger, entonces cardenal, en 1986.


Por aquel entonces era el líder de la Congregación para la Doctrina de la Fe, una entidad del Vaticano responsable de defender la tradición e ideas teológicas de la Iglesia.


El texto sigue hoy en vigor y define a las personas homosexuales como "objetivamente desordenadas".


En este contexto, en las iglesias nacionales hay sacerdotes homosexuales que guardan silencio sobre los impactos de las disputas entre los sectores tradicionales y progresistas de la Iglesia, y los grupos de fieles fuera de ella.


Como dijo un sacerdote gay del interior de Bahía, querer avanzar en la discusión sobre acoger al clero gay en la Iglesia, en este momento de división, es "pedir ser apedreado".


"Hay una sensación de que, con Francisco, es ahora o nunca. Pero, así como en la doctrina, nada cambia. Y aunque que haya más miembros del clero que quieran hablar, la angustia solo aumenta porque no se sienten seguros para hacerlo".


A su vez, la Confederación Nacional de Obispos de Brasil (CNBB) declaró que en sus asambleas internas no se ha debatido sobre la cuestión de los sacerdotes homosexuales en los últimos años ni se está haciendo en la actualidad.


Así, muchos de estos sacerdotes se encuentran en una encrucijada, entre las aperturas iniciales de Francisco, la postura distante de la Iglesia católica en Brasil y la franca agresividad de los sectores ultratradicionales.


Y ante ello, llevan sus vidas en silencio, en la cotidianidad de las parroquias del interior del país y también en las grandes ciudades brasileñas, sin revelar quiénes son realmente.


Los aspirantes al sacerdocio aprenden cómo funciona el armario católico en el seminario.


Muchas de las normas de estos claustros de formación existen solo para combatir las "tendencias homosexuales" entre los seminaristas, como recuerdó el padre Rafael, quien tiene ahora 45 años, durante una conversación mantenida con BBC News Brasil en la cocina de la sencilla casa donde vive, cerca de su parroquia en Sao Paulo.


Dice que caminar en parejas por los pasillos y los patios por la noche, por ejemplo, no era algo que se viera con buenos ojos.


Los dormitorios siempre los compartían tres o cinco seminaristas, "nunca dos, ni cuatro", recuerda.


"Era una regla que todos entendían: evitar la formación de parejas", dice el sacerdote.


"Pero lo que terminó inhibiendo fueron las amistades".


Miraban las noticias después de la cena, o iban al cine, solo si los seminaristas estaban en números impares.


"Causa una atmósfera tensa, no natural y pacífica. Siempre hay ojos puestos en ti. Y eso dura siete u ocho años", comenta otro seminarista.


Dos seminaristas con los que conversó BBC News Brasil (uno de Minas Gerais y el otro de Piauí) revelaron reglas similares en sus rutinas.


"¿Quién puede pensar que este es un buen ambiente para que una persona tenga una base emocional saludable?", se pregunta el padre Rafael.


"Es importante tener un buen desarrollo emocional para estar bien contigo mismo y luego poder servir bien a los fieles. ¿No es esa la razón de ser de la Iglesia?"


Desde sus años de formación, Rafael también acarrea un sentimiento de culpa.


Según el catecismo de la Iglesia, la masturbación se considera un pecado grave, porque representa un acto sexual cuyo propósito no es la reproducción.


Además, si involucraba pensamientos homosexuales, era una "manifestación del demonio", una "sensación horrible", explica Rafael, y sobre la cual no podía hablar con nadie, por temor a ser expulsado.


Durante este período juvenil, entre 20 y 25 años, el seminarista consideró diferentes estrategias para combatir este "mal".


Además de aplicarse hielo en los genitales, quería tener un cinturón de castidad ("pensé que una cerradura lo resolvería") y decidió dejar de comer sus platos favoritos ("una idea de purificación ante el placer").


Otro sacerdote gay, Aurelio*, quien es ahora el párroco de una ciudad mediana del interior de Bahía, dice que en su seminario, a principios de la década de 2000, se mencionó a los santos católicos "exitosos" en la represión de la sexualidad como ejemplos a seguir.


San Francisco de Asís, dijeron los preparadores, se habría arrojado sobre las espinas de un rosal o a la nieve si sintiera impulsos sexuales demasiado fuertes.


A los 20 años, Aurelio pensó que la falta de sueño le ayudaría a frenar sus deseos, según él intensos en aquel momento.


"Me forcé a dormir un máximo de tres horas por noche. Trabajaba extra, pasaba las noches en vela, me cansaba mucho", recuerda.


"Pensé que si estaba realmente cansado, no tendría deseos".


Como resultado, perdió más de 10 kilos y, una mañana, se cayó de la cama y durante días no pudo levantarse.


Por aquel entonces la confesión fue una suerte de alivio.


"Solía ​​ir al confesionario en bata. Salía del baño muerto de culpa por tener placer sexual solo", recuerda el padre Rafael.


"Fue un alivio incompleto. El confesor no me inspiraba confianza, así que no le hablé de mis fantasías por temor a ser perseguido. Poco después me volví a sentí culpable", recuerda.


"La sexualidad fue un infierno, día y noche. Un terror".


En las clases de doctrina, las dudas se multiplicaron.


"¿Masturbación, un pecado grave? Honestamente ¿está Dios preocupado de si te tocas? Y luego vas al confesionario y no dices que trataste mal a los pobres, que manchaste la imagen de alguien... El único pecado era la sexualidad", dice Rafael .


"Demonicé esa parte de mí. Me di cuenta de que tenía la 'tendencia' y me volví loco. Recuerdo el día en que me dije:'Dios mío, sospecho que soy gay. Ni siquiera merezco estar vivo'".


En su seminario, Rafael escuchó por primera vez una expresión común en aquel contexto: las"amistades privadas".


Así llamaban los superiores a las relaciones entre los jóvenes que creían que eran homosexuales.


"'No podemos ceder a las amistades privadas', nos decían, y era una regla que siempre se repetía", dice Rafael.


"Era una forma de decir que la cercanía entre amigos estaba cayendo en 'anormalidad'. Lo viví. 'Mira quién viene, una amistad privada', solíamos oírles decir mi mejor amigo y yo".


Pero Rafael estaba decidido a vivir célibe y también a disipar las sospechas de que no respetaba esta regla.


"La consecuencia es que los seminarios capacitan a adultos jóvenes muy inmaduros emocionalmente".


Rafael terminó su preparación en 2002 y, una vez ordenado, encontró la paz por un tiempo. Vivir en celibato es un desafío para cualquier sacerdote, se dijo a sí mismo, ya sea homosexual o heterosexual.


La idea de una "iglesia para los pobres" fue lo que lo atrajo y Rafael, como los sacerdotes que aceptaron contar sus historias en este reportaje, no tiene dudas sobre que escuchó la "llamada" y no pone en tela de juicio su vocación.


"Sentí que tenía lo necesario para ser un buen sacerdote. Nunca dudé de eso. La iglesia que me atrae es la que está con la gente, que dona, ayuda a los necesitados; la iglesia que te prepara para hacer frente a la vida y no la que le da la espalda a lo diferente", dice.


"Es la idea lo que me mantiene en pie incluso hoy, incluso si no la acepto completamente".


Dedicado, el padre Rafael asumió un cargo dentro de su diócesis que lo colocó en una relación de autoridad sobre otros sacerdotes.


Fue entonces cuando volvió a sentir el peso de la contradicción en relación con la institución que lo había acogido.


"Me preguntaba: '¿Cómo puedo ser responsable de toda esta estructura y sentirme atraído por los hombres?. Está mal, estoy equivocado. Dios me castigará, descartará mis iniciativas pastorales, algo muy malo sucederá'".


Un día, un asistente de la parroquia bajo su responsabilidad llegó a afirmar estar poseído por el demonio.


Para Rafael, fue su culpa, su sexualidad y sus sentimientos "desordenados". "En ese momento, comenzaron a aparecer heridas en mi cuerpo, que traté de ocultar y que tardaron meses en sanar".


El sacerdote probó a someterse a terapia con un psicólogo designado por la Iglesia, pero la experiencia no fue buena.


Cuando se atrevió a hablar sobre su orientación sexual, la reacción de la profesional fue preguntarle: "¿En serio?".


Y le contó cómo, un tiempo antes, había "curado" a un hombre de sus "tendencias".


Recomendado por la iglesia, el psicólogo era experto en "terapia de conversión", la llamada "cura gay".


Tras aquello, Rafael llegó a la conclusión de queprefería morir.


"¿Qué voy a hacer?, me pregunté. Y fue entonces cuando descubrí los sitios pornográficos y me volví adicto a la pornografía, a los videos de sexo entre hombres", recuerda.


Con ello "la culpa solo aumentó. No pude soportarlo más y recé por mi muerte".


Meses después, los pocos amigos con los que comenzó a hablar sobre el tema insistieron en que volviera a probar con la terapia.


Su caso fue remitido a otro sacerdote, un psicólogo que era miembro de una congregación. Esta vez, el enfoque fue diferente.


"La primera frase que le dije fue: 'Reconozco que tengo una tendencia homosexual, pero no la acepto'. Y lo primero que él me dijo fue: 'Pero ¿cómo serás feliz si no te aceptas a ti mismo?'".


"Menuda diferencia. Tiré el libro que estaba leyendo a la basura, un texto muy pesado titulado 'Batalla por la normalidad sexual'. Pero ¿qué es lo normal, amigo?".


"Fue en aquel momento que empecé a entender. Me di cuenta de mis mecanismos, cómo barría todo debajo de la alfombra, el problema de no hablar de cómo me sentía... Y comencé a aceptarme a mí mismo".


Este sacerdote psicólogo que lo ayudó le dijo que había visto a docenas de religiosos con ansiedades similares.


Rafael conoció entonces otro aspecto del armario católico: entre los sacerdotes no es ningún secreto.


Todo el mundo sabe de la existencia de homosexuales en el clero; el punto es que no se puede hablar públicamente de ello, dice. "Es la definición misma de tabú".


Una situación inesperada experimentada en aquel tiempo, a mediados de 2012, contribuyó al proceso de aceptación de sí mismo.


En un viaje, el padre Rafael se encontró con un superior, un obispo al que conocía, quien lo miró de una manera diferente.


"Me impactó. El obispo se acercó y me dio un beso en la oreja. No reaccioné", cuenta.


"No hacía mucho que lo conocía, pero simpaticé con él y no quería alejarlo. Así que dejé que me tocara, lo toqué. Hasta ahí llegó. Era un superior, no me sentía cómodo con más", recuerda.


"Mira, trato de vivir el celibato, pero hay momentos de tentación. Ese fue uno".


"Pensé que (el episodio) sería una desgracia, un trauma. Pero fue al revés: sentí liberación", dice.


"Empecé a razonar: 'Yo, que soy un pobre hombre, con responsabilidades medianas dentro de la Iglesia, siento ese tipo atracción y me culpo a mí mismo... pero este tipo, con cientos bajo su responsabilidad, también la siente. Así que no me culparé más. Estaré tranquilo, si me tengo que masturbar, lo haré y seguiré con mi terapia. Soy lo que soy".


A partir de entonces, a sus 38 años, comenzó el período que el padre Rafael llama "de liberación".


"La tranquilidad de comprender que no era solo yo me ayudó mucho, reduje (el consumo de) pornografía y la masturbación. Las cosas dejaron de ser tan abrumadoras como lo eran antes. Y dejé de culparme por el placer".


Es una libertad precaria, reconoce, porque, aunque ya salió del armario por sí mismo ante algunos amigos sacerdotes cercanos, aun no lo ha hecho públicamente.


Para Rafael, el acoso del obispo fue una prueba de lo que ya sentía.


La presencia de gays va más allá de seminarios y parroquias, y se extiende por la jerarquía de la Iglesia, aunque esta pretenda que no existe, subraya.


Durante gran parte de la historia de la Iglesia católica, la presencia o incluso el predominio de sacerdotes homosexuales no fue un problema.


De hecho, fue un hecho visto con indiferencia por los papas, como lo declaró el autor británico Andrew Sullivan, quien escribe sobre homosexualidad, política y religión en un artículo publicado en la revista The New Yorkerel año pasado.


Había preocupación por la vida sexual en general, pero no por el tema específico de la homosexualidad, siempre y cuando se respetara el celibato, escribe Sullivan.


Para ilustrar esta mayor tolerancia, cita registros históricos de sacerdotes y monjes que, en los siglos XI y XII, se enviaron poemas de amor entre ellos. No hay noticias de que hayan sido perseguidos.


En 1051, como ejemplo de que se le prestaba una atención menor al tema, el papa León IX rechazó una solicitud de prohibición expresa de la homosexualidad en el clero.


Como justificación, el pontífice dijo que existiría un problema si el sexo homosexual fuera "una práctica antigua, o practicada con muchos hombres" y aceptó que los actos puntuales fueron perdonados.


Años más tarde, en 1059, el papa Alejandro II también reaccionó con desapego a una propuesta similar y no le hizo caso, como señaló el historiador de la Universidad de Yale, John Boswell, en el libro "Cristianismo, tolerancia social y homosexualidad", publicado en 1980.


Un cambio crucial se produjo en el siglo XIII, cuando Santo Tomás de Aquino, en las notas recogidas más tarde en su Summa Theologiae, denunció los homosexuales como actos que van "contra la naturaleza" y tachó la relación entre personas del mismo sexo como un "pecado más grave" que la violación o el adulterio.


A partir de entonces, el tabú sobre el tema fortaleció.


Según Tomás de Aquino, la práctica sexual debía limitarse al matrimonio y la procreación.


La Iglesia ha acogido este ideal y es lo que aún respalda la doctrina escrita por Ratzinger en 1986.


Por más que se hayan convertido en la voz oficial del catolicismo en los siglos siguientes, las bases establecidas por Tomás de Aquino no condujeron a la disminución de los sacerdotes homosexuales.


"Lo que hizo fue provocar el silencio y un ocultamiento en el subsuelo, algo que todavía vemos hoy", le dice a BBC News Brasil el sacerdote y teólogo inglés James Alison, quien es gay y escribió Faith Beyond Resentment ("La fe más allá del resentimiento").


Graduado por la Universidad de Oxford, Alison vivió en Brasil durante 10 años, entre 1987 y 1990 (cuando hizo un doctorado en Teología en el Colegio Jesuita de Belo Horizonte) y, más tarde, de 2008 a 2014, en Sao Paulo, y estudia el homosexualidad y la relación de esta con el clero en todo el mundo.


"Es un silencio fomentado por el ambiente de miedo y evita una vida emocional adulta, honesta y transparente", dice.


"Impide lo que llamamos parresía, el hablar libremente, algo muy importante para transmitir el mensaje del evangelio".


Un domingo por la noche, después de un día de trabajo en su parroquia en Bahía, el padre Aurelio, quien ahora tiene 36 años, reflexiona sobre cómo un ideal de masculinidad impuesto por la iglesia obliga a los sacerdotes a llevar una "vida de apariencias".


"Es desgarrador vivir fingiendo. En mi caso, desafortunadamente, en muchos momentos me puse máscaras para poder continuar".


Como resultado, dice, muchos sacerdotes actúan de manera antinatural.


"'¿Estoy caminando correctamente o haciendo demasiados gestos al predicar? ¿Es mi voz afeminada?'. He pasado por esto y mis colegas se preguntan lo mismo. Estás preocupado todo el tiempo, perturbado", dijo.


"Además, me hace sentir deshonesto", añade.


"A menudo me llegan niños desesperados, llorando, diciendo que no se aceptan a sí mismos como homosexuales. Me dan ganas de decirles que pasé por eso y que hay formas de aceptarlo, pero no tengo el coraje".


Durante la preparación para ser sacerdote, Aurelio trató tres veces de hablar sobre el tema a sus profesores y fue recibido con frialdad.


"Al contarlo puede sonar divertido, pero fue algo que me enojó mucho. Les dije que no podía seguir viviendo así y me contestaron que rezara una penitencia".


En el cuarto intento de abrirse a un profesor, este lo escuchó.


Fue mientras caminaban por una playa y después de que el sacerdote en cuestión hiciera un comentario sobre una mujer hermosa.


Aurelio se animó a decir que no sentía nada por ella.


"Me miró, luego a ella y me preguntó: '¿No crees que es hermosa?'. Y yo le contesté: 'Sí que lo creo, pero no me gustan las mujeres de esa manera'", explica.


"Me pidió que me sentara en la arena con él y hablamos. Todavía recuerdo sus palabras: 'Gracias por confiar en mí y contármelo'. Lloré. Me conmoví porque él lo aceptó y porque, a través de una broma, logré decir la verdad ", recuerda.


"Después comenzó a preguntarme por mis sentimientos. Me veía como alguien que podía ayudarlo a comprender la homosexualidad y así acompañar a otros seminaristas", recuerda.


"Era un sacerdote bien resuelto con su vocación, dispuesto a ayudar a otros a entender el suyo. Estos son los sacerdotes, homosexuales o heterosexuales, que salvan a la iglesia ".


"Orientación sexual bien definida"


Durante los últimos años en el seminario, Aurelio se volvió más intrépido. "Más yo mismo", dice.


Comenzó a cuestionar algunos dogmas.


"El preparador habló sobre los desafíos que íbamos a enfrentar, porque las mujeres coquetean con los sacerdotes en las parroquias", hace memoria.


"Pero '¿qué pasa con los sacerdotes homosexuales? ¿por qué no hablaron de sus deseos?', pensé. Así que la mano y se le pregunté", prosigue.


"Fue un error. Tuve que seguir en el seminario otros dos años, porque no me dejaron ir. Parecía que querían cuidarme, pero era miedo. Pensaron que no sería discreto".


En su informe final, en la casilla sobre la orientación sexual, escribió: "homosexual".


Un sacerdote lo llamó aparte y le dijo que si no cambiaba eso, estaría en problemas.


Le sugirió poner "heterosexual", ante lo que él insistió, y acordaron algo intermedio.


"Aurelio tiene una orientación sexual bien definida", terminó escribiendo.


Aurelio se ordenó a mediados de la década del 2000 y, conocido por su interés en el tema homosexual en discusiones y estudios, terminó siendo aislado.


Rompió la regla más importante del armario católico: el verdadero pecado es no esconderse, dice.


Cuando fue designado vicario (uno de los sacerdotes de un párroco) en un pequeño pueblo, pronto se dio cuenta de que su fama le había precedido.


"Sabían que era gay y muchos de ellos también lo eran. El prejuicio no era sobre mi orientación, pero pensaron que mi postura más combativa también fijaría la atención sobre ellos. Estaba siendo rechazado".


Fue entonces cuando el padre Aurelio comenzó a beber dos o tres botellas de vino al día.


"Hoy me doy cuenta de que estaba necesitado, no solo por el deseo, sino por no tener a nadie con quien hablar", dice.


"Bebía todos los días, me sentía inferior porque era homosexual y estaba aislado por mi bendita transparencia".


Un día lo visitó un obispo de la región, quien había escuchado que necesitaba ayuda.


"Pero no pude abrirme a él. Lo que hice fue pedirle que me admitieran en una clínica de desintoxicación pasa salir de mi alcoholismo".


Después de tres meses, regresó al servicio y, con la ayuda del mismo obispo, logró una transferencia al interior de Bahía: comenzó a servir en una parroquia de creyentes fervientes, dice, con orgullo.


El padre Aurelio dice que en la actualidad trabaja hasta 15 horas al día y que sabe que es por una suerte de escape.


"Lo normal es sobrecargarme de labores, creo que por miedo a la soledad", dice.


Pero el exceso de carga de trabajo tiene otra razón de ser: "Creo que nosotros, los homosexuales, somos capaces de acoger a otros que están marginados". Sus horas de consulta en la parroquia, dice, siempre están llenas.


Aunque no habla sobre su sexualidad en público, Aurelio es un sacerdote que se expone un poco más que otros.


En una reunión con sus superiores, por ejemplo, indicó dos aspectos a incluir en los programas de formación: la homosexualidad en el clero y el sufrimiento psíquico de los sacerdotes.


"Ninguno de ellos fue seleccionado. Decidieron ocuparse del derecho canónico".


Sin embargo, sus intentos por que el asunto se abordara llevaron a que los buscaran, siempre de manera discreta, muchos jóvenes aspirantes a curas u otros sacerdotes, angustiados también por su orientación sexual.


Eso "demuestra un fracaso en la capacitación, porque engañan a sus mentores".


A los jóvenes que lo buscan, les aconseja que no lo oculten.


Sin embargo, les advierte, es necesario evaluar al interlocutor.


"Cuando sé que el superior es inclusivo, lo guío a hablar sin temor. Hay otros que dicen: 'Por favor, no se lo digas. Si lo haces, seguramente te echarán'. En esos casos le aconsejo que lo consulte con una psicóloga, por fuera".


Los obispos y párrocos a menudo ignoran la regla general de rechazar candidatos homosexuales, dicen los investigadores de la homosexualidad en el clero.


"En la práctica, hay sentido común de parte de algunos de estos superiores, de estos obispos, que priorizan la capacidad de trabajo y la vocación fiel al rigor de la doctrina. En otras palabras, no están de acuerdo con la norma", dico el sacerdote y teólogo Elio Gasda, profesor de la Facultad Jesuita de Filosofía y Teología (FAJE), con sede en Belo Horizonte, y quien dirige un grupo de estudios sobre la diversidad católica.


La escasez de sacerdotes y el compromiso de comportarse "con discreción" son otras razones por las cuales la regla a veces es caduca, explica el teólogo.


"Una última posibilidad, remota pero posible, es que el obispo y/o el formador del seminario también sean homo-afectivos. Por lo tanto, existe una especie de 'dificultad moral' de la autoridad para rechazar a los homosexuales".


También es necesario considerar las particularidades generacionales con respecto al "armario católico".


Según un preparador de aspirantes a curas, que se negó a ser identificado, muchos han roto el silencio, al menos dentro de los muros de los seminarios.


"En los últimos cinco años ha habido algunos cambios. Por ejemplo, presencié una entrevista en la que el joven inmediatamente dijo: 'Soy gay y quiero ser sacerdote'. Después habló sin rodeos, sonrió y se cruzó de brazos, esperando una respuesta del superior".


"Le hicieron una entrevista muy rigurosa, dijo que estaba dispuesto a ser célibe y la pasó. Está allí, en su segundo año de preparación", agrega.


Para otro seminarista de Minas Gerais, que tuvo una experiencia positiva al revelar su orientación a su superior, la preocupación es qué hacer "con la fachada".


"La reacción de mi asesor fue coordinar una conversación con un obispo al día siguiente. Fui allí, el obispo me escuchó, me agradeció por ser franco y me dijo que siguiera adelante", dijo el estudiante de 27 años. "Y dijo que mi asesor me enseñaría 'cómo actuar'. Comprendí que no podía tener un escándalo. La idea es ocultarlo, para no perder la fe de las damas devotas".


Clandestinidad e injusticia


Como es un asunto clandestino, existen tratos desiguales e injusticias.


Todos los entrevistados para este reportaje conocen a seminaristas que fueron expulsados ​​por considerarlos afeminados, o por haber tenido experiencias sexuales.


Estas últimas son las llamadas "recaídas" y no justifican en si mismas la expulsión, siempre que se confiesen a un superior.


Uno de estos estudiantes que tuvo que cambiar de seminario debido a su "amaneramiento", describe el mes de diciembre, cuando los jóvenes son reevaluados, como un momento de "caza de brujas".


"Hace unos años, se les pidió a cinco que se fueran. Yo fui uno de ellos. El buscar a quienes consideran más afeminados, además de ser injusto, favorece la simulación, que la gente sea cerrada y homofóbica".


Este seminarista, quien ahora tiene 29 años, no olvida cómo su preparador abordó la homosexualidad en el seminario del que fue expulsado, en Piauí.


"Solía ​​decir que 'los homosexuales siempre tienden a mirar las ingles de otros hombres y, por lo tanto, no se concentran y trabajan mal'", recuerda.


"A una semana de aquello, mientras miraba al techo, observé una viga de madera, me vi colgado de ella por el cuello. Me perturbó mucho".


Hoy por lo general quienes ingresan al seminario en Brasil suelen tener los 18 años cumplidos.


Pero hasta la década de 1980 era común que llegaran siendo adolescentes, en plena pubertad.


Como resultado, los sacerdotes más mayores, los que ahora tienen más de 60 años, vivieron desde una edad temprana en un ambiente de represión.


El día de la entrevista con Aurelio, a mediados de noviembre, un sacerdote de unos 60 años se le acercó para hablar.


"Era uno de esos hermanos que considero 'peligroso', porque nunca salieron (del armario) por sí mismos y tienen muchos prejuicios. Y ese día quiso abrirse. Me pareció triste que, siendo sacerdote no encontrara a nadie para hablar de eso", cuenta.


Los homosexuales homofóbicos, dice el sacerdote, son numerosos en la Iglesia, algo en lo que coinciden los investigadores del tema.


"Es una de las consecuencias de la represión. Quieren combatir en el otro aquello que odian de sí mismos y que cosideran un mal".


Desconfianza y estigma


Además del estigma de la homosexualidad en una institución que no lo tolera, los sacerdotes gays han sufrido de intentos de asociarlos con la crisis de abuso sexual en la Iglesia católica.


Y con los escándalos que, especialmente desde principios de la década de 2000, se han ido revelando con una frecuencia aterradora.


El padre Rafael dice que leyó en una revista de una comunidad católica conservadora un artículo en el que se asociaba la homosexualidad a la pedofilia.


"Quedé indignado. Soy gay, no pedófilo".


Son varias las investigaciones que descartan la relación entre la homosexualidad y el abuso sexual de menores.


En lo que respecta a los sacerdotes, no es diferente, según el estudio más grande llevado a cabo sobre este tipo de delitos dentro de la Iglesia.


Fue publicado en 2011 por el John Jay College of Criminal Justice, un instituto de la Universidad de Nueva York, reconocido por sus cursos e investigación en el campo criminal y forense.


A pesar de toda la evidencia en contra, los investigadores dicen que hay un sector de la Iglesia a la que le conviene señalar a los sacerdotes homosexuales como abusadores.


"En parte, porque no pueden hacerse públicos para defenderse. Son una opción fácil como chivos expiatorios", dice James Alison.


"La sociedad no conoce el caso de los sacerdotes que son célibes y sirven a sus parroquias y también a los heterosexuales".


Obispos de Chile: 5 claves para entender el caso de abusos sexuales que hizo renunciar a la jerarquía católica chilena


La cultura del silencio puede tener otra consecuencia, además del de evitar que los sacerdotes homosexuales se defiendan.


Según los investigadores, puede ayudar a encubrir crímenes de pedofilia.


"El mecanismo es el siguiente: aquellos que temen ser expuestos como homosexuales son fácilmente chantajeados por aquellos que son culpables de asuntos graves", dice Alison.


"Como el encubrimiento es la regla del juego, no existe la posibilidad de distinguir públicamente lo que sería un comportamiento legítimo y adulto según la ley civil, incluso si es irregular en el sistema clerical, de lo que sería un comportamiento patológico y criminal". ".


El miedo a ser expuestos es tan grande que algunos sacerdotes homosexuales, cuando fueron contactados por BBC News Brasil,sospecharon o entraron en pánico.


Un historiador, que se mostró dispuesto a colaborar para este reportaje, le propuso a un sacerdote del interior de Pernambuco ser entrevistado.


La reacción no fue buena, dice.


"Al principio se mostró perplejo, a punto de entrar en pánico. Dijo que si no fuéramos amigos, pensaría que estaba haciendo una maniobra para extorsionarlo. Y terminó la conversación pidiéndome que me callara las debilidades de los demás".


Los investigadores señalan que la intención de ayudar a marginados como ellos mismos y la necesidad de escapar de las presiones sociales y familiares son algunas de las razones por las que hay tantos hombres homosexuales en el clero.


Según sus estimaciones, es alrededor del 10% en Brasil.


Alexandre*, un sacerdote homosexual de 43 años, recuerda la sensación de "dislocación profunda" durante su infancia y adolescencia, y la identificación con personas "excluidas".


"Sabemos lo que se siente al ser 'diferente'. Creo que me llevó a ser sensible, a mirar a los demás con más compasión", dice él, que es párroco en una ciudad promedio en Ceará.


"Me crié en un lugar pobre, vi a mucha gente sufrir y quería ayudar".


Además de esta motivación, el sacerdote dice que, a partir de la pubertad, comenzó a ver en el seminario un refugio para un deseo que no podía aceptar en sí mismo.


"Estaba sufriendo mucho, tenía un conflicto interno intenso, así que busqué lo que pensé que sería un ambiente puro, santo, saludable", cuenta.


"En el fondo, creía que en este lugar no tendría más deseos. Pero el deseo no desapareció, por el contrario. Fue una inquietud constante que no sabía cómo tratar".


Castidad


Todos los sacerdotes católicos deben aceptar el celibato, a lo que los que hablaron para este reportaje se refieren como "vivir en castidad".


Algunos entrevistados reconocieron que habían roto sus votos y que, cuando esto sucedió, hablaron con sus superiores y decidieron regresar a la vida célibe.


Alexandre asegura que antes de ingresar al seminario no había tenido relaciones sexuales.


"El primer año pasó, pero durante el segundo sentí curiosidad y tuve mi primera experiencia con un hombre", cuenta.


"Entré en una profunda crisis, porque nunca había besado a otro hombre ni tenido una relación íntima. Estaba lleno de culpa y pensé que tendría que abandonar el seminario automáticamente".


Decidió hablar con su preparador.


"Para mi sorpresa, lo recibió con beneplácito y me dijo que volvería a tener recaídas", recuerda.


"Tenía razón y no me arrepiento de las veces en las que lo hice. Necesitaba saber cómo me sentía al respecto, incluso para poder elegir mi camino, (para decidir) seguir en la vida religiosa o no".


Consciente del bien que le hizo hablar de lo que sentía por su superior, el padre Alexandre sugiere crear una pastoral LGBT en su región.


Que sea "un lugar donde estas personas pueden desahogarse, compartir los sufrimientos, las angustias", dice.


Pero "será un escándalo, porque el pensamiento aquí es muy conservador".


En las últimas décadas ha habido varias iniciativas para crear espacio en la Iglesia para los fieles LGBT.


Pero en general, ha sido suficiente combinar los términos "pastoral", como la iglesia llama a su trabajo social en las comunidades, y "diversidad", para provocar reacciones.


Hace 25 años un párroco de Sao Paulo fue noticia por crear en el noroccidente del estado lo que la prensa llamó una "pastoral gay".


El profesor titular de la Pontificia Universidad Católica de Campinas, el padre José Trasferetti, logró, en 1995, lo que el padre Alexandre planea hacer en Ceará: un proyecto para acoger a los ciudadanos LGBT.


"Cerca de la parroquia había dos casas para homosexuales y travestis. Me hice amigo de ellos y comencé a visitarlos, y también comenzaron a ir a misas", dice Trasferetti, en una conversación por correo electrónico.


Y empezó a usar el concepto de "ciudadanía homosexual", algo de lo que entonces no se hablaba. "Se trataba simplemente de crear espacios para vivir normalmente en sociedad, sin violencia, represión e ignorancia".


Pero la reacción fue muy fuerte: "Me presionaron para no dar entrevistas, no escribir o enseñar sobre estos temas. Un militar supo cuál era mi número de teléfono, me insultó y varias veces amenazó con matarme".


El padre Trasferetti dirigió la pastoral durante cinco años: "Lo seguí haciendo sin miedo".


Lo dejó de hacer en 1999, cuando cambió de parroquia.


Hoy defiende una acción más amplia en relación con el público gay, más allá de crear pastorales específicas.


"Lo que debe quedar claro es que es perfectamente posible la acción pastoral para la congregación LGBT y que encaja con la doctrina de la Iglesia".


Aunque ve avances en relación con los movimientos LGBT fuera del entorno religioso, Trasferetti dice que la Iglesia de Brasil, como institución, ha progresado poco.


"La Iglesia católica en Brasil está muy comprometida con los problemas sociales. Sin embargo, en asuntos de moralidad sexual, la práctica y el discurso siguen siendo los mismos que en las décadas de los 1940 y 1950".


En otros países, la Iglesia católica está promoviendo debates sobre la homosexualidad.


En Alemania, por ejemplo, la Conferencia Episcopal decidió en septiembre pasado abordar la moral sexual, el celibato y la bendición de las parejas homosexuales.


Otro ejemplo es Suiza. En 2006, el año siguiente a la publicación de la instrucción de Benedicto XVI sobre no aceptar sacerdotes homosexuales, los obispos suizos hablaron sobre el tema.


En el texto, dejaron claro que los sacerdotes y estudiantes heterosexuales y homosexuales viven en sus seminarios y diócesis y que cada uno "se respeta a sí mismo como hombres y cohermanos".


"Decidimos vivir en castidad independientemente de nuestra orientación sexual. Por lo tanto, el centro de nuestras reflexiones sobre el acceso al sacerdocio no la ocupa la cuestión de la orientación sexual, sino la voluntad de seguir a Cristo constantemente", dice el texto.


En Brasil, la CNBB, la entidad responsable de redactar las directrices de la Iglesia en el país, dice que no tiene planes de discutir la homosexualidad en el clero.


Por correo electrónico, el vicepresidente de la entidad y arzobispo de Porto Alegre, el obispo Jaime Spengler, reafirmó las instrucciones del Vaticano.


"El tema de la homosexualidad es grave y debe abordarse desde el comienzo del itinerario de formación de candidatos a órdenes sagradas. Es urgente un proceso adecuado de discernimiento".


Cuando se le pregunta si los sacerdotes brasileños que quieren hablar públicamente sobre su orientación sexual tendrían el apoyo de sus superiores, Spengler dice que "si un sacerdote se encuentra con su obispo y le presenta su dificultad para mantener la castidad, el obispo tiene el deber de ayudarlo lo mejor que pueda".


Cada sacerdote "debe poder sentirse a gusto consigo mismo", añade.


Para algunos investigadores consultados por BBC News Mundo para este reportaje, la postura de la Iglesia en Brasil sobre la cuestión es aún más tradicionalista que la del Vaticano.


"La Santa Sede es menos conservadora porque es más consciente de la necesidad de avanzar en el tema", dice el teólogo gay James Alison.


En una entrevista por correo electrónico, el arzobispo primado de Brasil, Dom Murilo Krieger, habló sobre como abordar la cuestión de los sacerdotes homosexuales, ya que las reglas de la Iglesia los condenan.


"Cada uno debe renunciar a sí mismo. Las luchas cambian, pero el objetivo es el mismo: buscar una madurez emocional profunda, capaz de llevar a la persona a la relación correcta con hombres y mujeres. Lo que no se puede acomodar es buscar justificaciones para vivir de acuerdo a sus propias reglas ".


Al preguntarle por qué, según los sacerdotes homosexuales, el tema está silenciado dentro de la Iglesia, Krieger defiende que haya un debate.


"No creo que este sea un tema que deba abordarse en los estudios de televisión, pero puede y debe abordarse en las reuniones de obispos, sacerdotes y seminaristas".


Francis DeBernardo, director ejecutivo de New Ways Ministry, una entidad de Estados Unidos integrada por religiosos y que aboga por los derechos de los católicos LGBT y por la reconciliación de la Iglesia con estos, le dijo a la BBC que en ese país la cultura del silencio está en auge.


"En la comunidad en general la gente aborda los asuntos LGBT, pero entre sacerdotes gay y líderes eclesiásticos la discusión se está cerrando más", afirma.


"La publicidad negativa que vincula el escándalo de pedofilia en la Iglesia con curas homosexuales ha hecho que estos sacerdotes tengan más miedo de revelar su orientación sexual", añade.


DeBernardo organiza retiros anuales para sacerdotes gay, donde rezan, estudian y debaten, y por lo escuchado en las más recientes, dice que puede afirmar que la preocupación va en aumento, también en América Latina.


"Las personas con las que he conversado, vinculadas a asuntos LGBT dentro de la Iglesia de América Latina, me han dicho que la situación es parecida o peor", asegura.


"Peor porque la discusión sobre asuntos LGBT en la región es más restringida".


Dice que generalmente la reacción de los feligreses ante la salida del armario de un sacerdote es buena y alentadora, que suelen mostrarle su apoyo.


Por el contrario, entre las autoridades eclesiásticas la reacción es reservada, señala, en particular la del obispo de la diócesis de donde proviene el cura en cuestión. "Suele limitarse a emitir un comunicado institucional al respecto".


Pero los líderes religiosos no toman, ni podrían tomar represalia contra estos sacerdotes, subraya DeBernardo, pues los curas gay resultan ser clérigos muy populares en sus parroquias.


Mientras la Iglesia se mantiene incólume, un joven sacerdote gay de un pequeño pueblo en el interior de Bahía decidió empezar a hablar sobre la homofobia en sus misas.


Y fue bien recibido por los fieles, asegura André*.


"Cada vez que hay un caso de prejuicio, incluyo una reflexión al respecto. Hablo de la importancia de no lastimar o discriminar a las personas LGBT. Los fieles siguen asistiendo porque es una realidad muy cercana a ellos", dice el sacerdote, a cuyas misas llegan en promedio 500 creyentes cada domingo.


El año pasado, después de una celebración, el comentario que le hizo una mujer le sorprendió.


Le contó cómo a su hijo lo acosaron en la escuela por ser gay, y que quería agradecerle su apoyo.


"Mire, padre, mi esposo y yo lo hemos aceptado, pero tenemos mucho miedo de cómo será su vida. Así que le agradezco que en nuestra Iglesia lo respeten. Nos ayuda a entender que nuestro hijo es un regalo de Dios y que no depende de si le gusta un hombre o una mujer ", cuenta que le dijo.


La mujer lo abrazó y, antes de irse, se volvió hacia el sacerdote: "Padre, hace mucho que quería preguntárselo: usted es gay ¿no?".


"Lo soy", le respondió André, sorprendido.


"Bendito sea, padre. Puede contar con la gente de su iglesia", le expresó la mujer, quien no volvió a mencionar el tema.


André tuvo una trayectoria más inusual que el de la mayoría de los aspirantes a sacerdote.


En el seminario, su preparador lo alentó a hablar sobre su sexualidad.


"Un día, mientras le contaba de mis ansiedades, me dijo lo contrario a lo que esperaba: "Creo que hablar de esto es tu misión, hablar con la Iglesia, con la sociedad, decirles que es posible ser homoafectivo y seguir con tu vocación", recuerda el padre André, con una sonrisa en el rostro.


El joven sacerdote dice que tiene la esperanza de que la Iglesia se transformará en lo relativo a esta cuestión.


"No quiero ser un profeta gay, sino un profeta de la vida católica que acepta a todos. Creo que el cambio de la Iglesia no vendrá de arriba, sino de abajo, y creo que hay una apertura, sí. "


El padre Rafael es menos optimista.


Hace años, como con muchos sacerdotes jóvenes, tuvo la ambición de ser obispo. Hoy, descarta esa posibilidad.


Y es que, como obispo, tendría que pronunciar un discurso represivo contra la homosexualidad.


"Siento pena por los obispos que se ven obligados a reproducir esta cultura", dice.


"Para mí, estoy fuera del armario, pero para la Iglesia no. Tal vez no me quiera ver fuera nunca. Es un rechazo con el que tengo que vivir", añade.


A pesar de ello, el padre Rafael no tiene la intención de abandonar el sacerdocio, una parte constitutiva de su identidad.


"Soy la prueba de la inconsistencia de la Iglesia. Soy sacerdote, soy homosexual y amo quién soy".


*Los nombres de los sacerdotes fueron cambiados para proteger sus identidades.

@Vitor Hugo BrandaliseBBC News Brasil, Sao Paulo