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FRATERTEMPLI - ORDEN DEL TEMPLE, el blog: El milagro de Empel. El 8 de diciembre.
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LA RELIQUIA

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LA CASA FOX, EN PODER DE LA RELIQUIA DESDE EL 191 AL 902 AÑO DEL TEMPLE

“AÑO 191 DEL TEMPLE, (1309), UNOS 40 CABALLEROS TEMPLARIOS PROCEDENTES DE LOS CASTILLOS DE MONZÓN Y CHALAMERA DIRIGIDOS POR SU COMENDADOR FR.++BERENGUER DE BELVIS RESISTEN A DURAS PENAS EN EL CASTILLO DE MONZÓN EL ASEDIO DE LAS TROPAS DE JAIME II DIRIGIDAS POR EL PROCURADOR GENERAL ARTAL DE LUNA. RENDIDO EL CASTILLO, EL COMENDADOR TEMPLARIO HACE ENTREGA DE SU CRUZ PECTORAL AL CONQUISTADOR DE LA FORTALEZA ARTAL DE LUNA, CON LA ÚNICA CONDICIÓN DE QUE NO LA DEJARA CAER EN MALAS MANOS, MANOS SACRÍLEGAS, ES DECIR, EN LAS MANOS DE LA IGLESIA, PARA QUE NO DESAPARECIERA. ARTAL DE LUNA CUMPLE SU PALABRA Y ENTREGA LA CRUZ A LA MADRE DE UN TEMPLARIO, DEFENSOR DEL CASTILLO. LA RELIQUIA LLEGA POR ESTA VÍA A LA TEMPLARIA CASA FOX, QUE LA CUSTODIA HASTA NUESTROS DÍAS. DONDE ESTÉ LA CRUZ ESTÁ LA ORDEN. ASI HA SIDO Y ASI SERÁ, PESE A LOS INTENTOS DE APROPIACIÓN POR PARTE DE ELEMENTOS AJENOS A LA MISMA AUNQUE EN ALGUNOS CASOS VISTIERAN NUESTRO BLANCO MANTO. ROGUEMOS A LA CRUZ PARA QUE CON LOS DELINCUENTES QUE PROTAGONIZARON LOS DESHONROSOS Y DELICTIVOS HECHOS OCURRIDOS EN EL SIGLO XX EN BELVER DE CINCA CON LOS RESTOS DE LOS DEFENSORES DE LOS CASTILLOS DE MONZÓN Y CHALAMERA Y VECINOS TAMBIÉN ALLÍ ABANDONADOS SE HAGA JUSTICIA Y LOS RESTOS DE LOS CABALLEROS TEMPLARIOS Y DE LOS VECINOS PROFANADOS Y EXPOLIADOS JUNTO A ELLOS ABANDONEN EL VERTEDERO Y EL OSARIO PARA QUE, UNA VEZ ENTREGADOS A QUIEN DESDE EL PRIMER MOMENTO DEL EXPOLIO Y LA PROFANACIÓN NO CESA EN ESTA LUCHA DE DAVID CONTRA GOLIATH, RETORNEN DE SU MANO A LA SEPULTURA DIGNA DE LA QUE NO DEBIERON SER PRIVADOS EN DONDE DISPONGA EL HEREDERO DE LA CASA FOX, TEMPLARIO INCANSABLE Y LUCHADOR INAGOTABLE AL QUE TODAS LAS RAMAS DE LA ORDEN Y DEMÁS GENTE DE BIEN DEBIERAMOS AYUDAR EN SU BÚSQUEDA DE JUSTICIA Y REPARACIÓN DE LOS DAÑOS CAUSADOS. ES NUESTRA OBLIGACIÓN."

¿CONTINUAREMOS MIRANDO PARA OTRO LADO MIENTRAS LOS RESTOS DE LOS +HERMANOS SIGUEN EN EL VERTEDERO?

SI QUIERE CONOCER LOS HECHOS, EL LUGAR DONDE SE PROFANARON LAS TUMBAS DE ANTIGUOS CABALLEROS TEMPLARIOS. SABER QUIENES SON LOS PROTAGONISTAS Y CULPABLES DE LA SACRÍLEGA PROFANACIÓN Y POSTERIOR ABANDONO DE LOS RESTOS HUMANOS EN EL VERTEDERO DE BELVER, ENTRE EN EL BLOG DE BELVER DE LOS HORRORES

Burofax enviado por D. Miguel Fox a Fernando Elboj Broto

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NO DESCANSAREMOS HASTA QUE SE HAYA HECHO JUSTICIA CON "LOS MUERTOS DEL VERTEDERO Y LA CASA FOX"


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Para que si alguien, despistado o intencionado, cree o dice que nos ha escrito no siendo verdad, y aunque desde la creación del blog está en la parte inferior del mismo nuestra dirección de correo electrónico, nuestro email es fratertempli@yahoo.es , siendo el máximo responsable de lo que aquí se dice, Fr.+++ Anselmo de Crespi.


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FTAT, NND. Fr. +++Anselmo de Crespi,

que por cierto, y para algún ignorante, es mi nombre iniciático, no es un alias, ni un nick tras el que esconderme, ni por supuesto mi nombre de pila. Y no soy conde, ni marqués, ni tengo ningún título de esos que como en Illescas, (Toledo), compran algunos y que son más falsos que ellos mismos.

martes, 8 de diciembre de 2020

El milagro de Empel. El 8 de diciembre.


 5 diciembre, 2020 por Álvaro González Díaz



“Los españoles. ¡Los españoles!…, esos hombres que quisieron ser demasiado” Nietzsche


“El viento gélido había congelado las aguas del rio Mosa y los flamantes barcos del almirante Holak, uno a uno, habían ido quedándose varados sobre el hielo, inmóviles…. El ambiente que se respiraba era de tensa espera y los centinelas holandeses permanecían ojo avizor vigilando los movimientos del tercio español que tenían, hasta aquella misma mañana, bloqueado y con el agua al cuello en la isla de Bommel….


Los holandeses no esperaban ningún ataque del tercio español, experto en encamisadas terroríficas. No serán capaces –se decían. Por aquella razón uno de los vigías que se encontraba en la cofa del palo mayor de la nave capitana holandesa, golpea el hombro de su compañero, rascándose al tiempo los ojos, incrédulo:


                -mira hacia Empel, Peter… ¿Qué es eso que se nos acerca…?


-¡Ummm…! parece un tercio español avanzando en cuadro, pero, ¡no puede ser!, tenemos a los papistas acogotados… ¡y con este frio…! ¡Bah, es imposible!


-¿Y eso que se oye retumbar?, ¿no son tambores…? (…)”


Manuel de Villegas, alférez abanderado en el Tercio de Bobadilla. Isla de Bommel, Flandes, 1585[1]


Se acerca la señalada fecha de nuestro puente de diciembre, unos lo llamarán el puente de la constitución, 6 de diciembre, y otros el puente de la Inmaculada, 8 de diciembre. Aunque ambas denominaciones para el puente de diciembre sean correctas, vamos a examinar la fecha del 8 de diciembre por ser más antigua y más importante, sin desprecio alguno a la constitución.


Ahora, bien ¿Qué pasó un 8 de diciembre para ser considerada una fecha importante? ¿A qué se debe que el día 8 de diciembre sea el día de la Inmaculada? A partir de aquí se notará en el ambiente un orgullo patrio inigualable, de tal magnitud, que hasta los holandeses querrían haber sido españoles aquel día. El problema que arrastra España es su olvido hacia la historia y su gesta, ambas la mayoría de las veces de la mano, es el Alzheimer que arrastramos con nosotros. Quizá sea complejo motivado por esa Leyenda que todos se creyeron. Sin embargo, es hora de levantar la cabeza, como cualquier otro país, y de reconciliarnos con nuestro pasado. Sin desprecio alguno a la Constitución, el Puente de Diciembre también debe ser recordado por la gesta, a causa de un milagro, de aquel 8 de Diciembre.


Nos trasladamos en la historia unos siglos atrás, concretamente cinco siglos y nos situamos en Holanda, en esa época que forma parte del Imperio Español, en las Provincias Unidas. Y para ser más concretos en el cerro de Empel. Este será nuestro protagonista junto a una virgen que aparecerá después y a un grupo de temerarios españoles. Digo temerarios porque a aquellos pobres hombres solo les faltaba un milagro imposible de ocurrir y allí estaban mirando a la fría y húmeda muerte que lentamente se les acercaba, aquellos hombres que, espada y arcabuz en mano, solo podian rezar y esperar a que llegase el momento para rendir cuentas con el de arriba, mientras se podían llevar consigo a cuantos herejes pudiesen. Y así fue, rezaron y se apareció la virgen. Aquellos hombres que derrochaban valor por doquier en la defensa de la religión católica y la corona de su rey, de su patria, aquellos hombres de aquel 8 de diciembre, aparecieron en la historia, cuando todo estaba perdido, echando nuevamente «un par», envidiados y admirados a la vez.


Vamos a continuar nuestra increíble historia, una de tantas ¿verdad España?


Estamos en Holanda en 1585 y los españoles tienen la misión importante de acabar con el ejército hereje. En plena Guerra de los Ochenta años, el Tercio Viejo de Zamora o Tercio de Bobadilla va a realizar una de las mayores gestas de España, en el mundo, que asombró incluso al mismísimo Dios. En resumen, para que nos situemos, ya que pocos países de la época tuvieron la osadía de querer vender cara su piel como estaba a punto de hacerlo España. 5.000 españoles acorralados, llenos de barro, sudor, sangre e incertidumbre, sin esperanza alguna de ser socorridos, vencen a algo más de 10 navíos holandeses, los cuales queman y destruyen por entero.


8 de diciembre de 1585, Empel (actual Holanda)


El territorio de Flandes era un punto estratégico para el imperio español y suponía una amenaza directa para Francia, Inglaterra y Alemania. Además la guerra de Flandes o Guerra de los 80 Años suponía el juego hegemónico en Europa, y España no iba a dejarse vencer. Las continuas rebeliones de los protestantes holandeses desembocarían en esta guerra que acabará con la Paz de Westfalia en 1648 y con el reconocimiento de la Independencia de Bélgica y Luxemburgo. Mientras tanto, 15 años después de la batalla de Lepanto, en torno a los días 6 y 7 de diciembre de 1585 unos 5.000 españoles combatían en la isla de Bommel, entre los ríos Mosa y Waal, comandados por el maestre de campo Francisco Arias de Bobadilla. Pero esto no es todo. Los españoles se encontraban bloqueados por una flota de unos 10 navíos, mientras resistían la continua artillería de los holandeses. Mientras el cielo se cerraba queriendo tronar como nunca. Mientras crucifijo en mano los nuestros rezaban y se mantenían firmes en aquellas improvisadas trincheras, con el agua al cuello y fieles a su palabra, esperando la llegada de la parca.


Cuando recuperó Amberes, en el verano de 1585, Farnesio se sintió en condiciones de acudir a las «islas de Gelanda y Holanda » cuyas poblaciones católicas oprimidas por los rebeldes protestantes le pedían auxilio. Farnesio mandó a los tercios a la isla de Bommel, situada entre los ríos Mosa y Waal y en respuesta a esta maniobra, el almirante rebelde  Holak situó su flota de 10 navíos entre el dique de Empel y la ciudad de Bolduque – Hertogenboch, bloqueando por completo a los españoles. Ahora el Tercio estaba al alcance de la artillería de la flota enemiga y sería fácil de rendir. Siendo realistas, el Tercio de Bobadilla no aguantaría mucho[2].


Reconociendo su superioridad y con objeto de evitar posibles bajas,  Holak buen conocedor de los españoles, les propuso una rendición honrosa, sin embargo la respuesta española fue contundente: “Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos”.


La altanería de los españoles provocó a  Holak  y decidió el exterminio total de los soldados españoles. Para ello, ordenó  abrir los diques del canal del rio Mosa, que trascurría por encima del nivel del campamento del Tercio, provocando así la inundación de la Isla de Bommel. Los españoles tuvieron el tiempo justo de refugiarse en el cerro de Empel, único lugar que quedó con tierra firme, pues el campamento y los pueblos de alrededor quedaron inundados. Allí fue donde se refugiaron los 5.000 soldados del Tercio  para evitar morir ahogados. Todo ello con un frio casi polar, y mientras pasaba el tiempo más frio hacía, y el montecillo era cada vez más barro en vez de tierra. Una tierra llena de cráteres y trincheras. Una tierra española que no iba a retroceder ni un palmo.


Así las cosas, la flota de Holak comenzó a disparar contra los apiñados españoles. Sacó toda su artillería, arcabuces y mosquetes. La situación era realmente preocupante para los españoles, una situación límite, extrema, angustiosa. Los españoles mojados, sin leña y sin comida seguían resistiendo bravamente. Los soldados españoles estaban en clara inferioridad táctica, sitiados por completo por los holandeses y siendo ya presa fácil del enemigo. Sin embargo, a pesar de no tener escapatoria, decidieron clavarse al suelo y resistir hasta el final. Esta vez, haría falta un milagro de verdad para poder salvar sus vidas. Sin posible escapatoria habían decidido clavarse al suelo hasta el final. Allí, bajo las nubes negras del cielo, entre el fuego enemigo, en aquel bosque de balas, las picas de los nuestros se mantuvieron mas firmes que nunca. Pues si los herejes querían aquel cerro tenían que ir a por el.


El Milagro de Empel.


Un joven soldado estaba excavando una trinchera en el movedizo barro hereje cuando de repente su pala golpeó algo que no era barro. Mientras el soldado rezaba en el agujero que estaba realizando, que posiblemente sería su tumba, rascando para quitar la tierra encontró una tablilla en la que, tras limpiarla y quitarla el barro, estaba representada la virgen María, la Inmaculada Concepción. Si, así fue, la virgen se apareció a los nuestros en aquel barro maloliente y movedizo, en aquel lejano lugar que se había convertido en un infierno[3]. En seguida, el tercio se reunió en torno a la tablilla que aquel soldado encontró y gritando ¡milagro! rezaron. Pero no. Eso no era un milagro, era un regalo, como nos cuenta nuestro protagonista y testigo don Manuel de Villegas. El milagro vendría después. Una virgen que estaba enterrada en aquella zona hereje esperando a que los españoles la encontraran.


Aquella madrugada fría del día 8 de diciembre, tras haber rezado a la virgen en el improvisado altar que le habían hecho con banderas acribilladas y despedazadas, la bandera de la Cruz de Borgoña, y hambrientos, helados, empapados, manchados y temblando, y sin esperanza de nada, los españoles por fin ven la luz. Una tregua. Pues mientras los españoles rezaban, la madrugada se tornó más fría, gélida diríamos, las temperaturas comenzaron a bajar drásticamente hasta el punto de helar. Las aguas del rio Mosa, que antes les hacía prisioneros a los españoles, ahora se helaban, se solidificaban en forma de hielo resistente y grueso. Esto sí que era un milagro. los españoles pasaron de rezar y esperar su ultimo momento a sonreír levemente, cuales picaros planeando su travesura, mientras se frotaban las manos ante lo que veían. Esperando una orden que cumplirían sin rechistar.


Solo entonces, aquel tempo lento de una marcha fúnebre se iba transformando en allegro. Las pulsaciones ante tal escena, digna de ver, se iban intensificando hasta rozar la taquicardia o el infarto. Unos no daban crédito desde sus barcos y otros dejaban poco a poco unas trincheras improvisadas por las necesidades para salir y abrirse camino. El majestuoso tempo se tornaba en adagio ante la marcha de los españoles.


Los barcos holandeses quedaron atrapados en el hielo, inmóviles por completo. Ahora era la hora de los españoles, una hora que no dejarían escapar. Por supuesto. Los navíos herejes ahora estaban varados a merced del hielo y sobre todo de los españoles. El tercio, formando en cuadro, se lanza sin contemplaciones hacia los barcos flamencos. ¡Donde las dan…!


Así relata nuevamente Manuel de Villegas: “Junto al aspa de borgoña y junto a las picas y los arcabuces, junto a las espadas, venía con nosotros la tablilla de Nuestra Señora, y lo hará para siempre ya[4]”.


Los holandeses que se creían que aquella situación bien podría ser un sueño, no lo era. Sin parar de rascarse los ojos ven por el horizonte venir a los hambrientos y helados españoles, oyen retumbar los tambores, cada vez más cerca. Eso sí que ponía los pelos de punta. Pero sobre todo oían cada vez más fuerte a 5.000 voces gritar: ¡SANTIAGOOOOO!, y otras 5.000 replicar: ¡CIERRAAAA!


Lo que pasó después ya lo sabéis y sino lo habréis adivinado. Los españoles, comandados por el capitán Cristóbal Lechuga, destruyeron todos los navíos, la mayoría de las bajas fueron holandesas pues los españoles apenas sufrieron bajas. En esta situación, Holak salió corriendo maldiciendo a Dios y a los españoles.


Los tercios combatieron con extrema contundencia animados por la sed de venganza por el asedio de los holandeses. Los rebeldes caían ante las armas españolas sin posibilidades de reaccionar. Los infantes españoles  tomaron prisioneros y capturaron y quemaron todos los  barcos de la flota enemiga[5].


Durante el 9 de diciembre el Tercio cargó con rabia contra el fuerte holandés situado a la orilla del río Mosa. La posición defensiva fue tomada por los españoles y los holandeses huyeron en desbandada aterrorizados por la furia de los arcabuceros y piqueros españoles. La  victoria española fue tal que el almirante Holak llegó a decir: “Tal parece que Dios es español al obrar tan grande milagro”. Cinco mil españoles que eran a la vez cinco mil infantes, y cinco mil caballos ligeros y cinco mil gastadores y cinco mil diablos[6]«. Tras ello, la Inmaculada acompañará hasta nuestros días como patrona a nuestro ejército español[7].


Empel pone de manifiesto una de tantas y tantas gestas que, escondidas en el cajón de sastre, se olvidan. El puente de la Constitución Española, día 6 de diciembre, es el puente de la Inmaculada, el día 8 de diciembre, el día de lo imposible, de la heroicidad española. Nuestra historia esta llena de hazañas, de victorias y derrotas, como la de cualquier otro país, y debemos evitar que se pierdan en el horizonte de la mentira y la ignorancia.


Fue un soldado del Tercio; cuando era


oficio de españoles ver la muerte


como un servicio más de honra y suerte


amiga del más bravo y compañera.


 Cavaba para tumba la trinchera


más que para salvarse. Tierra inerte


echa para descanso del más fuerte.


Siempre juntas la muerte y la bandera.


 Encontró el cuadro; lo sacó del suelo.


 Se arrodillaron todos bajo el Cielo


 de la noche de Holanda oscura y fría.


Y a los pies de la madre Inmaculada


Se heló la mar, triunfó otra vez la espada


Y se salvó la fiel infantería[8].


[1] Testigo presencial de “el Milagro de Empel”, recogido en VILLEGAS GONZALEZ, A., Hierro y Plomo, cuentos de los Tercios Viejos, glyphos, Valladolid, 2014, pp. 87-92


[2]http://www.grandesbatallas.es/batalla%20de%20empel.html


[3] ROJO PINILLA, JESUS A., Cuando Éramos Invencibles, el gran capitán, Madrid, 2015, pp. 67-69


[4] VILLEGAS GONZALEZ, A., OP. CIT.


[5] ROJO PINILLA, JESUS A., OP. CIT.


[6]http://www.grandesbatallas.es/batalla%20de%20empel.html


[7] MARTINEZ LAINEZ, F., Pisando fuerte, los tercios de España y el camino español, edaf, Madrid, 2012, pp. 181-186


[8] Poema de Luis López de Anglada, en MARTINEZ LAINEZ, F., OP. CIT., pp. 163-180


«Todas las picas suman, únete al cuadro»

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