Una noche de estas, en que una súbdita británica de nombre Johanne Lee, cansada de vivir y de mirar Internet , no se la ocurrió otra cosa que solicitar por medio de la “Red” ¡Quien la podría ayudar a suicidarse!
Stephen Lumb, un camionero también británico leyó su solicitud y como caballero de la Gran Bretaña que era, así como por el mero hecho de ayudar, junto con la intención de cumplir con la buena acción del día, como mandan los Evangelios (Inclusive los Anglicanos) , condujo 300 kilómetros en su camión con los ojos chispeantes de alegría y el rostro henchido de felicidad, por conocer a su ángel acompañante del viaje también por él esperado.
Cuando se encontraron es de suponer que un abrazo de agradecimiento unió sus cuerpos, y él como buen caballero, solicitaría de Johanne como quería morir, ella mirándole tiernamente le agradece la atención con una sonrisa proponiéndole un cocktail , el último cocktail, el cocktail que haría que todos sus deseos se hiciesen realidad.
Mano a mano con miradas furtivas, prepararon el tan deseado cocktail, y en la penumbra de la cabina del camión, Stephen y Johanne con las copas en alto y entrecruzando los brazos brindaron por un pronto reencuentro, con el compromiso de contarse ambos con pelos y señales, como habían pasado el tiempo en ese particular camino.
No puedo saber como ha sido el viaje, pues no sabemos nada al respecto, lo que sí se sabe, es que la policía de Essex en donde se encontraron los cuerpos, no han podido comprobar mas que su muerte, pues su alma no la han llegado a encontrar.
Tan solo el corazón de las madres de ambos difuntos, están rotos, y los cuerpos de los padres no acaban de asimilar tanta torpeza , y desprecio por la vida de los jóvenes, pues el trabajo y los desvelos que con ellos tuvieron durante su infancia, no se merecía este final.
¿La culpa es de Internet? ¡No! No es así, la culpa es de unos pocos desquiciados que solo ven el mundo en su peor cara, y que al querer dejarlo, lo quieren hacer en compañía pues sienten miedo ellos solos, sin darse cuenta que dejan señal en los seres que los dieron la vida, con dolor y esperanza.
Fr. ++ Vicente